El riesgo de construir en el pie de monte del Valle Central de Costa Rica

Octubre 30, 2022 11:32 am

Desde hace más de 12 años se inició lo que hemos llamado un desequilibrado “pulso” entre los sectores inmobiliarios y constructivos del país, con algunos técnicos que tratamos que las áreas que se dediquen a construcción, sean sitios seguros y resilientes. Este pulso llevó a que, en el 2010, finalmente no se aprobara el Plan regional PRUGAM 2008 – 2030 y en su lugar, se trabajara con planes regionales diametralmente opuestos como el POTGAM y el Plan GAM 2013 – 2030, el cual fue declarado, recientemente, como inconstitucional por la Sala IV.

Este pulso aún no ha terminado. Mientras tanto, durante todo este tiempo, el desarrollo de construcciones de diverso tipo en las laderas de las montañas del Valle Central, ha continuado. Cada vez hay más y nuevas construcciones en lugares cada vez más altos, en las montañas del sur (Precordillera de Talamanca) y del norte (cordillera volcánica central).

Y no se trata de construcciones en precario, los cuales existen, sino también de construcciones de gran inversión cuya adquisición les cuesta a los compradores hipotecas de muchas decenas o cientos de miles de dólares con plazos de decenas de años. Se trata de deudas de toda una vida que se adquieren con la confianza de que la obra es “segura” que es “para siempre”. Algo que no es necesariamente cierto.

Por consideración a todas estas personas que han adquirido lotes y construcciones en todas estas zonas, se hace necesario explicar el riesgo que se adquiere por irse a vivir al pie de monte del Valle Central. Un asunto técnico que requiere una explicación llana que esperamos también sea de provecho para los ingenieros civiles y arquitectos que son los profesionales responsables de las construcciones en estas zonas de ladera.

Abanicos aluviales: se trata de cuerpos sedimentarios que se desarrollan en el pie de monte como producto de la acumulación de los materiales geológicos que se erosionan en la parte alta de la montaña y se acumulan en los sitios de cambio de pendiente. Tienen superficies de varios kilómetros cuadrados y se caracterizan porque presentan una pendiente menos pronunciada que las laderas rocosas de las montañas que los bordean.

Precisamente esa característica de relativa menor pendiente y el hecho de que presenten vistas importantes al valle, hace que los terrenos de los abanicos aluviales sean atractivos para el desarrollo inmobiliario y de construcciones.

En países tropicales como Costa Rica, tenemos dos tipos de abanicos aluviales. Los primeros, de tipo “torrencial” son lo que se observan al sur del Valle Central, como en Aserrí, Desamparados y Alajuelita. Están controlados por el desarrollo de lluvias intensas en la parte alta de la cuenca hidrográfica que producen crecidas de los ríos y arrastre de materiales rocosos que se acumulan en los cauces de los ríos de los abanicos aluviales y sus zonas aledañas. Cuando el nivel relativo del mar está en ascenso, como ocurre en la actualidad, estos abanicos se desarrollan más rápidamente dado que los sedimentos que provienen de la montaña se acumulan sobre el abanico existente.

El segundo tipo de abanico, se refiere a los abanicos de origen volcánico, como el que se encuentra bajo la Ciudad de Cartago y que se desarrolla principalmente, cuando el volcán Irazú está activo. El evento del flujo del río Reventado en 1964 es un ejemplo de la construcción de este abanico. Aunque estos flujos también se pueden producir como producto de la erosión del estratovolcán, ya sea por lluvias intensas, un terremoto o una combinación de los dos fenómenos.

Dada la abundancia de zonas de montaña que tiene el país y la cantidad de lluvias que se dan, existen muchos abanicos aluviales. En muchos casos, hay ciudades completas construidas sobre estos abanicos, y no solo en el Valle Central, sino también afuera de la GAM, como en el caso de Turrialba, San Isidro de Pérez Zeledón y Ciudad Quesada, entre otras.

Riesgo de las construcciones: los abanicos aluviales están caracterizados por la presencia de muchos cauces de ríos que bajan desde las montañas. Con la presencia de lluvias intensas, estos ríos son muy susceptibles a la inundación fluvial, al desarrollo de procesos muy erosivos y al paso de grandes torrentes con flujos de sedimentos que descienden hacia las partes bajas de los abanicos. Incluso esos cauces fluviales pueden tener cambios muy significativos en caso de que la cantidad de agua de lluvia sea muy alta.

La naturaleza siempre nos advierte del peligro. En el caso de los abanicos aluviales la presencia de grandes rocas de varias toneladas dispersas en el área del abanico y cerca de los cauces de los ríos, son un aviso de la energía que puede alcanzar un evento de erosión en un abanico.

Siendo así, todo el terreno de un abanico es una zona muy susceptible a la erosión y a la movilización de los materiales. Situación que se puede dar durante periodos de lluvias intensas como recientemente hemos visto que sucedió al sur del Valle Central, pero también por sismos fuertes o la combinación de los dos eventos (terremoto con suelos muy saturados).

El hecho de que se construya una casa cumpliendo el código sísmico sobre un abanico aluvial no significa que la casa sea completamente segura y resiliente. Aunque la construcción sea sismo resistente, sigue siendo susceptible a ser dañada por una fuerte inundación o en su defecto, un proceso de erosión importante, como un deslizamiento.

Por esta razón, las construcciones desarrolladas sobre los abanicos aluviales se encuentran en condición de riesgo y son susceptibles a ser dañadas por eventos de desastre.

Situación en el Valle Central de Costa Rica: para todos los que vivimos en la Gran Área Metropolitana (GAM) es evidente la cantidad de construcciones que se han desarrollado tanto en las laderas del sur como del norte del Valle Central. Cada vez son más. Con lo cual cada vez se hace más numerosa la cantidad de construcciones que se encuentran en alto y muy alto riesgo a los desastres.

Durante la noche, el paisaje nocturno del pie de monte del sur del Valle Central deja ver la forma de los abanicos aluviales puesta de manifiesto por las luces de las casas y que muestran con claridad la forma de abanico, en lugares como al sur de Desamparados, Alajuelita, Escazú y Santa Ana.

La condición de riesgo de estas construcciones se incrementa por el hecho de que tanto al norte como al sur del Valle Central se presentan extensas fallas geológicas activas capaces de producir fuertes eventos sísmicos locales.

Acciones a desarrollar: la cantidad de construcciones en situación de muy alto riesgo es abundante. Son tantas que los planes de reubicación no podrían ser desarrollados para cubrir la totalidad de las residencias involucradas. De allí que otras medidas son necesarias.

Como hemos indicado, se hace indispensable que las ciudades y los cantones citados cuenten con planes de ordenamiento territorial con la variable ambiental integrada y que, como parte de estos instrumentos, se genere una zonificación de uso del suelo que evite que nuevas construcciones se localicen en zonas de muy alto riesgo.

Para las construcciones existentes, es muy importante realizar toda una gestión de aumento de la resiliencia humana, por medio de educación para convivir con el riesgo y desarrollo de planes de emergencia locales; así como de resiliencia de infraestructura, con reforzamiento estructural cuando sea posible, así como la adquisición de seguros paramétricos contra desastres.

Es indispensable tomar estas y otros medidas, como la Ley de Resiliencia contra desastres que hemos propuesto y explicado previamente (http://www.allan-astorga.com/allan-astorga/2021/7/28/ley-de-resiliencia-contra-desastres), en el menor plazo posible. Ignorar la información técnica que sustenta el análisis de riesgo y no tomar medidas prontas, solo llevará a que las condiciones de riesgo se incrementen y que la población expuesta sea cada vez mayor, con las graves consecuencias que ello podría tener. Tienen la palabra nuestras autoridades.

Fuente de la imagen: https://geolodiaavila.com/2020/03/21/el-abanico-aluvial-de-candeleda-la-huella-de-una-montana-vaciada/

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El camino para salvar la Biodiversidad y detener la extinción masiva de especies

En esta tercera entrega de los artículos de SALVETERRA estaremos desarrollando el tema del estado biodiversidad en el planeta y la extinción masiva de especies en que nos encontramos sumergidos.

A pesar de ser una información que provoca preocupación, hay una luz de esperanza en la medida de que todavía es posible producir una reversión de la situación y mejorar las condiciones de restauración y recuperación de la vida en el planeta.
Estado de la biodiversidad: el informe Planeta Vivo es la publicación insignia del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), que se actualiza cada dos años. Se trata de un completo estudio de las tendencias de la biodiversidad mundial y la salud del planeta. El último es del año 2022.

El informe Planeta Vivo 2022 proporciona la evidencia científica para respaldar lo que la naturaleza ha estado demostrando repetidamente: la actividad humana insostenible está deteriorando rápidamente los sistemas naturales del planeta y que son lo que sustentan la vida en la Tierra.

Así, se revela una disminución promedio del 69 % en poblaciones de especies desde 1970 hasta ahora. La vida en el planeta Tierra está desapareciendo rápidamente, incluyendo la extinción de especies y una notable disminución de la biodiversidad.

La situación de los continentes, también se refleja en los océanos donde la población marina se ha reducido a la mitad en los últimos 40 años a causa de la sobrepesca y la contaminación. Se trata de un asunto muy grave.

Es importante aclarar que la pérdida de biodiversidad en el planeta no es lo mismo que el Cambio Climático. Son dos temas diferentes, pero que pueden estar relacionados. Se trata de dos fuentes de crisis que tienen que ser atendidas de forma separada, aunque en algunos casos, pueden tener soluciones parciales comunes.

Causas de la pérdida de biodiversidad: el 75% de la superficie terrestre libre de hielo ha sido modificada por los seres humanos. Los últimos lugares vírgenes se concentran en apenas unos pocos países: Rusia, Canadá, Brasil y Australia.
Lugares que son vulnerables a efectos del Cambio Climático como las severas sequías y los incendios forestales que les pueden provocar graves daños irreversibles.

La principal causa de la pérdida de la biodiversidad es el cambio de uso del suelo. La deforestación de los bosques para instalar zonas de ganadería o de cultivo, o para desarrollo de nuevas zonas urbanas, son las principales fuentes de deterioro. Con el crecimiento de la población humana se incrementa la presión hacia los ecosistemas y con ello, su desequilibrio, fragmentación y desaparición.

El informe señala que América Latina registra el mayor descenso regional de la abundancia de población media (94 %), mientras que, respecto a especies, las poblaciones de aguas dulce muestran un mayor descenso general a escala mundial (83 %).

Las seis principales amenazas a la biodiversidad corresponden con la agricultura, la sobreexplotación marina, tala de árboles, contaminación, especies invasoras y cambio climático.

Extinción de especies: el declive es una evidencia clara del daño que los seres humanos están causando en la naturaleza, afirmó Andrew Terry, director de conservación de la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), que señala: “Si no cambia nada, estas poblaciones salvajes sin duda seguirán cayendo, empujando especies hacia la extinción y amenazando la integridad de ecosistemas de los que dependemos”.

Los científicos creen que la Tierra se dirige hacia un “evento de extinción masiva”, el sexto (o séptimo) en los últimos 500 millones de años. “Ahora tenemos pruebas abrumadoras de que estamos perdiendo especies a una velocidad alarmante”, le dijo a la BBC el profesor Alexandre Antonelli, director de ciencia en el jardín botánico de Londres, Kew Gardens.

La última vez que tuvimos una situación similar fue hace unos 66 millones de años, y fue causada por un asteroide que golpeó la Tierra, dijo, aunque esta vez, “los humanos son los únicos culpables”. Según las estimaciones, las tasas de extinción actuales son aproximadamente 1.000 veces más altas que antes de que aparecieran los humanos.

Desde 2001, Indonesia ha perdido millones de hectáreas de selva tropical prístina. Las pérdidas disminuyeron en 2018 alrededor de un 40% gracias a una legislación gubernamental más estricta y un período de lluvias que limitó los incendios forestales, sin embargo, las plantaciones de aceite de palma han erosionado gradualmente los hábitats restantes de las poblaciones de orangutanes en peligro de extinción.

Los organismos del suelo, muchas especies de plantas y los insectos, también están disminuyendo, lo que pone en riesgo la continuidad de muchos procesos de los que todos dependemos. La desaparición de organismos del suelo afecta los ciclos de nutrientes, lo que a su vez puede disminuir la producción vegetal y si algunos insectos se extinguen, muchas plantas perderían la capacidad de reproducirse.

El énfasis que hace el informe en estos otros conjuntos de seres vivos es uno de sus aspectos más importantes. Al depender de suelos saludables, irrigación, organismos polinizadores y control biológico de plagas, la producción mundial de alimentos puede colapsar en la medida que los ecosistemas dejen de ser resilientes a consecuencia de prácticas agropecuarias inadecuadas.

En la selva amazónica, en cada hectárea de bosque natural se presentan cerca de 450 especies de árboles y cerca de 14 mil árboles. Cuando los árboles están cerca de los ríos, una gran cantidad de peces obtienen su alimentación de lo que cae desde lo alto. Inclusive tiene relación con el suelo, donde habitan hongos, microorganismos y neófitos que morirían sin su presencia. La fauna asociada, que consume flores, frutos y hojas, también depende del árbol. En la naturaleza todo está conectado.

La opinión del autor de la fuente citada concluye: “El resultado de estos modelos es contundente y esperanzador. Es urgente asumir, a toda costa, la tarea colectiva de frenar y revertir la trayectoria descendente de estos indicadores durante los próximos diez años, de forma tal que, para finales del siglo, se encuentren en franca recuperación. Si queremos asegurar una segunda oportunidad sobre la Tierra para la especie humana, debemos iniciarla de inmediato”.

Urgencia de aplicar soluciones efectivas: como hemos mencionado antes, el deterioro sistemático de los ecosistemas y la biodiversidad se ha dado de forma acumulativa por más de dos siglos. Acumulativa y ubicua (en todo el planeta) de manera que no podemos esperar que sea por la adquisición de una política global que se logre una solución efectiva. Se requiere de la participación de todos y cada uno de los habitantes del planeta cumpliendo una resolución del consejo de seguridad de la ONU.

Como hemos señalado también, los bosques tropicales son los biomas más biodiversos y ricos en biodiversidad del planeta. De allí que el paso estratégico en la reversión de la pérdida de biodiversidad es la protección de lo que todavía queda y la restauración de nuevos bosques tropicales en todo el mundo. Estimamos que deben ser al menos 250 millones de hectáreas en América Latina, África y el sureste de Asia, principalmente.

Se trata de una tarea que requiere revertir el uso del suelo, de zonas de agricultura y pastos hacia bosques tropicales. Esto, dentro de un esquema de ordenamiento y planificación territorial que zonifique el territorio para que, a pesar de esa transformación todavía siga habiendo campos de cultivo y ganadería para alimentar a la población humana. Se trata de poner orden donde durante siglos ha permanecido el desorden. Es nuestro único camino.

En SALVETERRA® hemos desarrollado la metodología para promover ordenamiento y planificación territorial sistemático que permita recuperar la biodiversidad y luchar contra el cambio climático, mientras se establecen zonas de producción agroalimentaria regenerativa y de desarrollo urbano sustentable para garantizar el progreso humano. La tarea no es sencilla, pero es posible. Se requiere aplicar con la participación de todos los ciudadanos y gobiernos locales del mundo en el menor plazo posible.

Nuestros estudios de más de 20 años nos muestran que si es posible. Lo que ocupamos es empezar a implementar las acciones correctivas ya, sin postergaciones. Soluciones que requieren de una visión global, pero de acciones locales y sistemáticas. Un verdadero cambio de paradigma.

El deterioro de la biodiversidad, al igual que el cambio climático, no respeta fronteras. De igual forma las medidas correctivas deben ser homogéneas y estandarizadas. Por eso es tan importante que todos cobremos conciencia de la importancia de actuar con visión planetaria y superar la miope visión local.
(allan@salveterra.life)

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La falta de criterios científicos lleva a que el Estado se convierta en confiscatorio y prohibidor del uso del suelo

Retomamos el tema de algunos artículos previos cuyo objetivo es mostrar los defectos de gestión en que ha involucionado el estado costarricense y la propuesta de soluciones técnicas a muchos de esos “nudos de ilógica administrativa”.

Durante las últimas dos administraciones del Partido Acción Ciudadana (PAC) se generó o modificó normativa técnica (decretos, resoluciones, directrices, memorándums, lineamientos administrativos, etc.) que produjo que el estado costarricense se convirtiera en más confiscatorio y prohibidor del uso del suelo, sin contar con reales y efectivos fundamentos científicos. Algo que afecta a miles de miles de propietarios de terrenos, muchos de los cuales están a la espera de extensos procesos judiciales que les resuelva un problema cuya existencia no tiene lógica técnica y que recarga aún más al ya saturado poder judicial.

Estos problemas técnicos se complican aún más cuando entidades no técnicas (en el tema) como: el Tribunal Ambiental Administrativo, el Tribunal Contencioso Administrativo, la Procuraduría General de la República, la Contraloría General de la República y hasta la misma Sala Constitucional terminan generando disposiciones que, aunque tratan de hacer justicia, sin el debido fundamento técnico y científico, al final, más bien profundizan la complejidad de esos nudos de ilógica administrativa.

Este problema, califica como muy grave cuando descubrimos que genera una gran inseguridad jurídica para el administrado. Y es aún más grave, cuando desestimula la inversión y el desarrollo que tanto ocupa el país e incluso, favorece la corrupción. Lo ilustraremos con un tema muy importante para el país como lo es el de los radios y áreas de protección de los manantiales.

Manantiales, nacientes y brotes de agua subsuperficial: los manantiales representan la salida, en superficie, de agua subterránea desde un acuífero. Generalmente ocurren en cambios de relieve topográfico donde el nivel freático intercepta el relieve superficial del terreno.

El término naciente es sinónimo de un manantial y no deben ser confundidos como si fueran dos elementos diferentes. La ley de aguas de 1942 usa el término de manantial. La ley forestal habla de los dos términos, manantiales y nacientes, pero como sinónimos. Un manantial puede ser intermitente (se seca durante un periodo de tiempo al año) o permanente.

Los manantiales pueden tener caudales muy variables desde menos de un litro por segundo (muy bajo caudal) hasta cientos de litros por segundo (muy alto caudal). Pueden provenir de acuíferos freáticos o no confinados, es decir que están conectados con la superficie del suelo o, de acuíferos confinados, es decir, mantos de aguas subterráneas que están separados (y protegidos) de la superficie del suelo por una capa de roca impermeable.

Los brotes de agua subsuperficial son salidas de agua que saturan la zona de infiltración (suelo o corteza de meteorización) que sobreyace un acuífero y que se presentan en los cambios de topografía. Son temporales y su permanencia depende de la condición saturación del suelo y del volumen de agua subsuperficial que se encuentra almacenada y que descarga en esas salidas de agua. Un brote de agua no es lo mismo que un manantial. Este aspecto es muy importante.

Gestión de las aguas subterráneas: la hidrogeología es la rama de la Geología que estudia y gestiona las aguas subterráneas y los acuíferos. Esto es así, porque se requiere conocer a fondo la naturaleza y las características de las rocas y formaciones geológicas que son las que albergan las aguas del subsuelo. La ley orgánica del Colegio de Geólogos de Costa Rica (1973) y su reglamento dejan claro esta responsabilidad como parte de las funciones de un geólogo.

Los geólogos por medio del estudio de las rocas de la parte superior de la corteza terrestre y de sus propiedades, con el uso de métodos de observación directa e indirecta, pueden elaborar modelos hidrogeológicos tridimensionales que permiten interpretar la existencia de acuíferos y sus propiedades, así como el sentido del movimiento del agua subterránea. De esa forma, pueden explicar la existencia de manantiales en los accidentes geomorfológicos y hasta predecir la salida de aguas subterráneas en un pozo y su eventual caudal de explotación para su aprovechamiento.

Es de gran relevancia que la caracterización de un manantial lleve consigo una base de información científica hidrogeológica como el acuífero del que proviene, su naturaleza (confinado o no confinado) y el sentido del movimiento del agua subterránea. Además, es muy importante que se diferencie un verdadero manantial de un flujo subsuperficial para que no se generen injusticias al momento de establecer medidas ambientales de protección para esas salidas de agua.

Radios y áreas de protección de manantiales: los radios de protección de los manantiales representan un área de forma circular en cuyo centro se ubica un manantial. Fueron establecidos por la ley de aguas de 1942 como una forma de proteger la salida de agua. Según la legislación vigente, para un manantial permanente no captado para abastecimiento de agua a las comunidades, el radio es de 100 metros. Si el manantial está captado para ese fin es de 200 metros y si es un manantial intermitente el radio se establece en 60 metros.

El establecimiento de los radios de protección se hace como una medida precautoria y representa una medida práctica y lógica en ausencia de estudios hidrogeológicos. Por así decirlo, usa una tecnología de hace más 100 años. Es muy importante señalar que el radio de protección en realidad no es lo mismo que el área de protección. Solo pueden considerarse equivalentes, mientras no existan estudios hidrogeológicos que precisen con exactitud cual es el área de protección efectiva o de captura del manantial.

Este último aspecto es de gran relevancia práctica para quienes tienen una propiedad privada dada la naturaleza confiscatoria y prohibitiva que tiene la definición de un área de protección como sinónimo de radio de protección de un manantial.

Dado que el área de un circulo corresponde con el número “π” (aprox. 3.14) por el radio al cuadrado, la cantidad de metros cuadrados que se pueden incluir dentro de un área (o radio) de protección es significativa: a) 11.304 m2 para nacientes intermitentes, b) 31,400 m2 para nacientes no captadas y c) 125.600 m2 para nacientes captadas para agua potable. Si consideramos precios de $10 / m2 para esos terrenos, nos podemos dar cuenta que los resultados económicos de estas áreas de protección son muy importantes.

Restricciones al uso del suelo: dentro de las áreas de protección las restricciones son muy significativas, prácticamente no se puede efectuar ninguna actividad productiva salvo la reforestación y restauración de un bosque. Se debe aclarar que la reciente modificación a la ley forestal (2022) solo permite el desarrollo de actividades de bajo impacto ambiental (turísticas) para las zonas de protección de ríos, quebradas y arroyos, no así para las áreas de protección de manantiales.

En la práctica, es claro que las zonas de protección de manantiales no califican como urbanizables, pero tampoco califican como no urbanizables donde se podrían desarrollar actividades agrícolas y agropecuarias. Pese a esto, no son áreas sujetas a que el Estado las indemnice, de manera que siguen siendo privadas, pero casi sin ninguna posibilidad de uso. Algo que parece contravenir el artículo 45 constitucional.

Debido a que Costa Rica, como país tropical geológicamente joven y volcánico, es muy rico en acuíferos y aguas subterráneas, presenta una gran cantidad de manantiales y, también, de brotes de agua subsuperficial. La confusión de este último concepto con los manantiales y la ya gran cantidad de estos que se dan en nuestro territorio, hacen que fincas enteras puedan estar incluidas dentro de los radios de protección quedando absolutamente limitadas para su uso urbano o no urbano.

Esta situación ocurre en miles o decenas de miles de fincas en el país, incluso dentro de la Gran Area Metropolitana y dentro de zonas urbanas. Muchos propietarios no conocen del problema hasta que tratan de gestionar un uso del suelo en la Municipalidad y descubren la situación de su finca. Como se puede ver, esta realidad genera un significativo problema de valor para el terreno y su uso para el desarrollo productivo del país.

Existe una solución técnica lógica y científica: como explicamos antes, la realización de un estudio hidrogeológico local para un manantial puede permitir el uso de técnicas científicas modernas (del siglo XXI) para definir las áreas de protección de un manantial basado en el área de recarga inmediata o área de captura efectiva, también denominada “tubo de flujo” del manantial.

La definición científica de este elemento puede reducir el radio de protección hasta en un 80 % permitiendo “liberar”, con el debido fundamento técnico, el terreno para su uso sustentable como suelo urbanizable o no urbanizable de conformidad con la planificación territorial regional o local.

El área de protección del manantial así definida puede ser zonificada según la condición de riesgo de contaminación y dentro de la misma se establecen lineamientos de protección del acuífero y del manantial que alimenta.

En el caso de brotes de agua subsuperficial no es necesario generar radios ni áreas de protección siempre que su definición se haya realizado con el debido criterio hidrogeológico. Este aspecto es de particular importancia en los territorios bajos en zonas de alta precipitación pluvial pues es frecuente que se confunda con manantiales y generen restricciones innecesarias (e injustas) al uso del suelo.

Confusa gestión del suelo en el país: como indicamos antes, las últimas administraciones de gobierno dejaron como herencia una muy seria y confusa gestión del suelo en el país. Mencionaremos dos casos muy evidentes.

En primer lugar, el “Protocolo del INVU para el otorgamiento de alineamientos de las áreas de protección según la Ley Forestal N° 7575”. Este protocolo de enero del 2020 tiene muy serios yerros, pues separa la definición de manantiales de nacientes y define a estas últimas como equivalentes a los brotes de agua subsuperficial.

Así, lejos de tecnificarse y hacer más científica la gestión, se complica y enmaraña con el agravante de que genera muy serias injusticias a los propietarios de terrenos.

Por otro lado, el Sistema Nacional de Información para la Gestión Integrada del Recurso Hídrico (SINIGIRH) de la Dirección de Agua del MINAE estableció una base de datos sobre diferente información hídrica del país. Se incluyen los radios de protección de las nacientes y manantiales, tanto captados para agua potable como los no captados.

Esta información se considera útil, aunque tiene limitantes que deberían ser explicadas al usuario como, por ejemplo, los problemas de mezclas de escala que existen, los factores de imprecisión de algunas coordenadas, la incertidumbre de algunos datos y en particular, el hecho de que los radios protección pueden ser modificados por áreas de protección con el desarrollo de un estudio hidrogeológico local.

Este hecho, alimenta el problema técnico señalado para el INVU y lleva a que se consolide un error técnico de interpretación del artículo 33 de la ley forestal, en particular, el ignorar el inciso “d” del mismo y solo considerar de forma estricta el inciso “a”. Algo que contradice en todos los extremos lo establecido en el artículo 16 de la ley de administración pública que en su artículo 16 señala que “en ningún caso podrá dictarse actos contrarios a reglas unívocas de la ciencia o de la técnica, o a principios elementales de justicia, lógica o conveniencia”.

Necesaria voluntad política para poner en orden el desorden: tal y como hemos señalado en otros artículos sobre el tema, en materia de aguas subterráneas es vital y urgente generar un reglamento general de uso, manejo y protección del recurso hídrico subterráneo.

Solo así se podrá poner orden a temas como el de la Matriz del SENARA, la diferencia entre los radios y las áreas de protección de los manantiales, los brotes de aguas subterráneas e incluso al equivocado protocolo del INVU para la delimitación de áreas de protección, las reglas técnicas de la base de cartografía hídrica, la categorización de los manantiales y sus acuíferos y las áreas de recarga acuífera, entre otros. Temas de gran relevancia que no han sido objeto de una definición científica y el establecimiento básico de reglas técnicas para su correcta gestión. A este respecto, esperar que se genere una nueva ley de aguas ha sido un error que lleva ya más de 20 años de espera.

En la actualidad, solo en el tema de gestión hídrica, con particular énfasis en las aguas subterráneas, existe una voluminosa normativa sobre dictámenes técnicos, reglamentos parciales, oficios, resoluciones y hasta memorándums de lineamientos sin que exista una ordenada y clara reglamentación. Todo lo contrario, es obsoleta, contradictoria y hasta “caprichosa”. Mientras esta situación siga existiendo sin considerar lo establecido por la ley 8220 (Ley de Protección al Ciudadano del Exceso de Requisitos y Trámites Administrativos) y su reglamento, el país seguirá sumergido en una maraña de normativa confusa, contradictoria y lo más grave, que provoca graves injusticias a sus ciudadanos, sin contar el daño que se hace al desarrollo sustentable del país.

Por esta razón es indispensable que el MINAE, como ente rector en el tema de recursos hídricos del país tome la coordinación de las soluciones más urgentes, incluyendo dentro de éstas, la de promover la urgente corrección, del referido protocolo del INVU sobre áreas de protección. Es justo y urgente.

La Ecosfera terrestre, que nos da comer, tiene un límite que estamos cerca de alcanzar

La capacidad de la Ecosfera terrestre, tanto continental como marina, tiene un límite crítico para abastecer los requerimientos de una población humana en crecimiento exponencial. La presión de las actividades humanas hacia los diversos recursos naturales se ha incrementado significativamente, en particular, durante los últimos 40 años en que la población de la humanidad se aumentó de 4,5 a 7,9 miles de millones de personas.

La afectación producida por las actividades productivas humanas ha sido muy intensa, debido a la aplicación de una economía depredadora del ambiente y que, en general, no ha sido, ni es socio-ambientalmente sustentable. Uno de las consecuencias más significativas, es el impacto en la fuente de alimentos para la humanidad, lo cual requiere que se le dé la mayor atención por su gran importancia.
En las últimas décadas nuestro planeta se ha hecho pequeño para la humanidad. La Ecosfera terrestre es la parte de nuestra nave espacial planetaria donde se producen los alimentos que sostienen a la toda la población mundial.

El problema es que ese “invernadero planetario -continental y marino-“ tiene una capacidad máxima de producción y en muchos aspectos ya la estamos alcanzando. Necesitamos reconocer el problema para plantear verdaderas y consistentes soluciones.

Datos de la ONU: la Organización de la Naciones Unidas (ONU), nos informa que “tras décadas de constante declive, el hambre en el mundo ha ido aumentando lentamente desde el 2015”. De acuerdo con este informe (https://www.un.org/es/sections/issues-depth/food/index.html), en el 2018 se estimaba que 821 millones de personas se iban a la cama con el estómago vacío.

Desde el 2004, según la ONU, el aumento de producción de alimentos no pudo mantenerse al mismo nivel en el que crecía la demanda, por lo que los precios de la mayoría de los cereales comenzaron a subir. Se indica además que: la crisis económica mundial de 2008 y 2009 minó la seguridad alimentaria de muchos países.

El hambre ha aumentado en muchos de los países donde la economía se ha desacelerado o contraído, principalmente en los estados de ingresos medios, tal y como muestra el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2019. Uno de cada 10 seres humanos padece malnutrición o hambre en el mundo. De acuerdo con la ONU, es el principal riesgo a la salud de las personas, más que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas.

Acceso a los alimentos: referente al acceso insuficiente a la comida nutritiva, la cifra es todavía más alarmante, según la ONU. El dato es de 2 mil millones de personas, localizados mayoritariamente, en países en vías de desarrollo, pero también representan un 8 % de la población de norte América y Europa, donde, paradójicamente, se desperdician como desechos gran cantidad de alimentos. África es la región más crítica, ya que casi el 20 % de sus habitantes se encuentra ”bajo el yugo del hambre y la malnutrición”.

Datos del 2020 señalan que la “producción de alimentos a nivel mundial solo alcanza para alimentar el 44 % de la población” (https://www.posibl.com/es/news/sociedad/la-produccion-de-alimentos-a-nivel-mundial-solo-alcanza-para-alimentar-al-44- de-la-poblacion-17685511). El resto de alimentos se produce a costa de los límites planetarios según un análisis del sistema agrícola global, realizado por científicos del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), en Alemania.

Según el estudio, se asigna demasiada tierra para cultivos y ganado, se fertiliza demasiado y se irriga también en demasía. A modo de ejemplo, la cantidad de agua (en litros) que se requiere para producir un kilogramo de banano es de 800, de papas es de 287, de maíz es de 1.000 y de carne es de 15.000 (fuente: https://www.gaceta.unam.mx/la-produccion-de-alimentos-el-mayor-desafio-en-el-mundo/)

Medidas a tomar: el estudio citado señala que todavía existen vías para solucionar la situación y producir alimentos de forma más sustentable. Por ejemplo, en África subsahariana, se sugiere que una gestión más eficiente del agua y los nutrientes podría mejorar considerablemente los rendimientos agrícolas.

Otra de las recomendaciones de los expertos es la reconstrucción de las granjas utilizadas actualmente. La idea es ceder tierras en aquellos territorios donde más del 5 % de las especies están amenazadas. En aquellos bosques tropicales donde más del 85 % de sus árboles han sido talados, la tarea es reforestar. Se debe reducir la extracción de agua dulce utilizada para riego al igual que debe disminuirse el uso del nitrógeno para fertilizar terrenos cercanos a aguas superficiales, para evitar contaminación.

Y, agregan, en lugares donde estos límites no se exceden pueden expandirse granjas de cultivo. El estudio concluye que, las acciones a tomar, en este tema, potenciarían la producción actual a 7.8 mil millones de personas, una cifra cercana al total de la población mundial en este momento. De hecho, bajar el desperdicio de alimentos y depurar las porciones de carne en las dietas globales a una o dos, aumentaría las reservas agrícolas hasta 10,2 mil millones, un poco más de la población global proyectada para los próximos 30 años.

En el caso de Costa Rica y otros países tropicales con suelos muy fértiles y que no se están usando para la producción de alimentos, el paso hacia una producción agrícola y agropecuaria regenerativa que evite la emisión de gases de efecto invernadero y más bien estimule el desarrollo de sumideros de carbono, resultaría en una actividad económica de gran potencial.

En síntesis, los patrones actuales de producción de alimentos en biomas terrestres no son ambientalmente sustentables, con lo cual se está incrementando seriamente la afectación de la Ecosfera terrestre. Además de ello, los alimentos que se producen son cada vez más costosos y no alcanzan para toda la población mundial. Pese a ello, existen posibles soluciones, pero se requieren acciones rápidas y urgentes en materia de realizar cambios en agricultura y la ganadería de forma tal que se dejen de afectar los límites planetarios para la producción de alimentos. Además, se hace indispensable producir alimentos más sanos y nutritivos, que garanticen una “seguridad alimentaria sustentable”.

Alimentos pesqueros: en materia de la producción de alimentos pesqueros (marinos y dulceacuícolas) la situación mundial muestra tendencias que preocupan. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), desde 1950 hasta el 2020 la captura de especies marinas se quintuplicó, pasando de 20 millones de toneladas anuales a cerca de 100 millones de toneladas por año.

Por su parte, desde 1970 la acuicultura continental y marina se incrementó desde casi cero a 80 millones de toneladas por año. Esto, posiblemente hizo que los efectos de la sobreexplotación de especies no hayan sido tan intenso, aunque se ha duplicado desde la década de los años 70. Pese a eso, la tendencia de la pesca biológica no sostenible se ha incrementado en las últimas décadas y muestra una tendencia preocupante. También preocupa la acuicultura ambientalmente no sustentable.

Los estudios biológicos sobre las poblaciones marinas del planeta arrojan un indicador muy preocupante: la población total de vida marina se ha reducido a la mitad en los últimos 40 años, y su reducción sigue en aumento.

A lo anterior se suma la afectación que tienen las aguas continentales y, particularmente marinas, por contaminación por químicos, microplásticos y, además, las afectaciones por efectos de Cambio Climático que llevan a considerar que, también en este tema nos estamos moviendo hacia un punto de No Retorno. Situación que implicaría que los mares dejen de producir alimento (en las próximas décadas) para una población humana cada vez más creciente.

Perspectiva de situación y soluciones: para los habitantes de un país tropical y fértil como Costa Rica, la idea de que la producción de alimentos en el mundo está disminuyendo resulta más bien rara. Los mercados y supermercados ofrecen una abundante variedad, tanto de vegetales como de cereales, granos y diferentes tipos de carne y pescado, aunque con precios cada vez más altos.

Algo similar sucede en los comercios de alimentos de los países industrializados y económicamente ricos. Situación que hace, como la disposición de aire para respirar y agua para tomar, nos hace tener la sensación de que no está pasando nada, lo cual no es la realidad. Más esa situación de oferta de alimentos no es la situación de todo el mundo.

La verdad es que en el planeta la producción de alimentos continentales y pesqueros está en descenso y que su costo ambiental de producción es cada vez más alto. Durante décadas esa producción ha traído consigo una mayor presión sobre los recursos naturales como el suelo y el agua, y provocado una significativa y creciente contaminación ambiental, incluyendo los océanos.

Toda esa realidad no puede ser ignorada, pues dejar que las tendencias que se han dado en los últimos años, sigan su camino, solo nos llevará a un escenario de mayor deterioro ambiental, costos cada vez más altos y en determinado momento, escasez. Es decir, con una población mundial con menor acceso a una alimentación apropiada. Algo que resultará, inexorablemente, en un problema social, de salud y ambiental para la humanidad.

Y como hemos indicado antes, si existe solución concreta a estos problemas, pero requiere ser implementada y actuar lo antes posible. Parte de esa solución consiste en aportar información ambiental inteligente a los gobiernos locales para ordenar y planificar el uso de sus territorios de forma sustentable. No todos los espacios geográficos son aptos para la producción agrícola y agropecuaria, como tampoco lo son para el desarrollo urbano.

Resulta de gran importancia, por medio de la planificación ambiental del territorio (de escala detallada), establecer las zonas de producción agrícola y agropecuaria principalmente regenerativa y ordenar la producción sustentable de alimentos vegetales y de proteínas animales.

En este tema, los países tropicales como Costa Rica, con suelos fértiles y con muy alta disposición hídrica tienen un potencial productivo muy alto. Algo que aportaría mucho a su desarrollo socioeconómico sostenible, ante un mundo con cada vez menos oferta de productos alimenticios verdaderamente ecológicos y sustentables. Las soluciones son viables y posibles, pero se ocupa empezar a actuar pronto y a escala local (municipal).

A este respecto, como ciudadanos de un cantón, todos tenemos el derecho de preguntar: ¿dispone nuestro municipio de un plan de ordenamiento territorial debidamente sustentado en información ambiental detallada?, ¿se han planificado ya los territorios para producción agrícola y agropecuaria regenerativa?, ¿se ha organizado la forma de corregir la contaminación ambiental que se está produciendo en el cantón?, ¿se ha iniciado un plan de recuperación y de restauración del equilibrio ambiental del territorio? Como se puede ver, hay mucho que podemos hacer. Solo debemos tener la voluntad de hacerlo.

Riesgo: geología vs ingeniería civil

No se trata de un combate de boxeo o de lucha libre. Se refiere a un dilema que tiene décadas de existir y que, lejos de resolverse, parece que cada día se profundiza. Con ello, quienes pagan por los “platos rotos” somos todos los ciudadanos y en particular aquellos que adquieren muy costosas y duraderas hipotecas (muchas veces en dólares) por una residencia o edificación que, ya desde el principio se localiza en un sitio de alta o muy alta amenaza natural. Algo que no parece justo, si las soluciones técnicas existen y se pueden aplicar con la debida antelación.

Geología no es lo mismo que Geotecnia: este es un tema controversial, incluso para algunos colegas geólogos que se dedican a la Geotecnia. En términos prácticos, la geotecnia, principalmente cuando es realizada desde el ámbito de la ingeniería civil, se concentra fundamentalmente en el suelo y la parte más superior del subsuelo. Se trata de un estudio muy local que realiza sondeos (de varios metros de profundidad), toma muestras para análisis de laboratorio y realiza algunos ensayos de campo (como pruebas de infiltración).

Siendo así, los estudios geotécnicos no realizan estudios locales más profundos, vinculados a las formaciones geológicas que se presentan en el subsuelo superior del área del proyecto o en sus alrededores.

Los datos sobre las formaciones geológicas consideran observaciones profesionales sobre la litología de las rocas, su composición mineralógica y petrológica, dureza, fracturación y estratificación (lineación), corteza de meteorización, contenido de arcilla y porosidad y permeabilidad aparentes, entre otros datos técnicos. Además, identifican la unidad geodinámica a que se suscribe el terreno, como por ejemplo si se trata de una abanico aluvial activo, o un valle de inundación fluvial o una ladera inestable.

Estos estudios técnicos son más del ámbito de la Geología y por eso, no es posible afirmar que un estudio geotécnico es equivalente a un estudio geológico. Aunque parezca lógico y sencillo, en realidad, esta diferencia genera un sinnúmero de problemas.

Geoaptitud del terreno: el resultado práctico de un estudio geológico aplicado tiene directa relación con la denominada Geoaptitud del Terreno que es la aptitud geológica natural que tiene un terreno para asimilar un proyecto de construcción como un edificio, una carretera o una obra de infraestructura como un acueducto o similar.

Como parte de la Geoaptitud, además de las características litopetrofísicas de las formaciones geológicas del subsuelo superior, se reconocen aspectos geomorfológicos, hidrogeológicos, de estabilidad de ladera y de diversos tipos de amenazas naturales vinculadas la GeoRiesgos o efectos del Cambio Climático.

En países tropicales el tema hidrogeológico es de gran importancia, dado que con un correcto estudio geológico es posible dilucidar si existen mantos de aguas subterráneas (acuíferos) bajo la superficie del terreno. Se puede reconocer incluso, la profundidad del nivel de agua y hasta el posible caudal que puede ser extraído en caso de perforar un pozo para su aprovechamiento. Nótese que este conocimiento resuelve un problema cada vez más creciente como lo es la disponibilidad de agua por medio de un acueducto.

Como parte de las amenazas naturales se debe reconocer la susceptibilidad sísmica del terreno (terremotos), los peligros volcánicos (si se encuentra a menos de 30 Km de un centro de emisión), los deslizamientos, deslaves, derrumbes y procesos erosivos, inundaciones fluviales y paso de flujos de sedimentos, licuefacción, ruptura en superficie por fallamiento geológico activo, subsidencias y hundimientos, así como cambios relativos del nivel del mar y tsunamis en zonas costeras.

La forma práctica de resumir estos resultados es señalando el grado de Geoaptitud que tiene el terreno, subrayando las limitantes técnicas por factores geológicos que determinan el uso potencial del terreno y las consideraciones que deben ser tomadas en el diseño ingenieril.

¿Qué pasa cuando no hay estudio de Geoaptitud?: cuando las condiciones de Geoaptitud son buenas, es posible que con el estudio geotécnico sea suficiente como base para el diseño del proyecto. No obstante, cuando esas condiciones no son buenas, es decir, cuando hay limitaciones, los datos de Geoaptitud son muy necesarios.

Los estudios de ordenamiento y planificación territorial, así como de gestión preventiva del riesgo coordinados por el autor en Centroamérica y el Caribe, llevan a concluir que el porcentaje promedio de terrenos de buena Geoaptitud es de aproximadamente un 35 %. El resto del territorio requiere de estudios geológicos o de Geoaptitud para establecer las condiciones del desarrollo de construcciones.

Este hecho, aunado a la circunstancia de que en la región mencionada se dispone de relativamente pocos geólogos por país, a lo cual se suma la falta de cartografiado geológico de detalle (escala 1.25.000 o menor, preferentemente 1:5.000), lleva a un grave resultado: la gran mayoría de los proyectos de construcción en Centroamérica y Caribe no cuentan con un detallado estudio geológico (o de Geoaptitud) de previo al diseño del proyecto. Menos en lo que a la selección de la finca se refiere.

La afirmación anterior se ve confirmada por el hecho de que entre el 40 al 50 % de todas las construcciones en Centroamérica y el Caribe, se localizan en terrenos de alta y muy alta susceptibilidad a amenazas naturales (Georiesgos y efectos del Cambio Climático). Algo que explica lo sucedido en el caso del terremoto de Haití del 2010 que provocó el fallecimiento de 316 mil personas, 350 mil heridos y la perdida de hogar para más de 1,5 millones de personas. Toda una terrible catástrofe cuyas secuelas sociopolíticas y económicas todavía perduran en ese país del Caribe que es uno de los más pobres del mundo.

Los costos económicos: la ausencia de estudios de Geoaptitud detallados, a parte de las graves consecuencias en la pérdida de vidas humanas, también puede llevar a que se produzcan muy serias pérdidas económicas. Existen muchos ejemplos de ello.

En Ciudad Guatemala gran parte de la infraestructura estratégica fue desarrollada sobre áreas de alta susceptibilidad sísmica, pese a la experiencia del terremoto de 1976. El desarrollo de un nuevo evento sísmico podría provocar costos económicos muy significativos en la Ciudad.

En Costa Rica, la llamada “nueva” carretera a San Carlos tiene casi 30 años de estar desarrollándose con una fuerte inversión económica gracias a los problemas de Geoaptitud y no tanto geotécnicos. Todavía se requiere de una inversión similar a la ya realizada para poder terminarla sin tener la garantía de que será una obra resiliente.

En el caso de la Ciudad de Managua, la nueva urbe fue gradualmente desarrollada sobre la antigua zona “terremoteada” por el fuerte sismo de 1972 que destruyó gran parte de esa capital. Algo parecido sucede con la Ciudad de San Salvador, cuya ciudad ha seguido creciendo por las zonas fuertemente impactadas por los terremotos del 2001.

En San Pedro Sula, Honduras, la mitad de esta ciudad, incluyendo su aeropuerto internacional se localiza sobre una zona de muy alta susceptibilidad a la inundación fluvial. Durante los últimos años las graves inundaciones han sacado al aeropuerto de operación por semanas y, además, las evacuaciones de poblados enteros se han tenido que dar en medio de gran anegamiento que tapa los techos de las casas y trágicamente acaba con la vida de los animales domésticos y de granja, llevándose también los sueños de los residentes que sobreviven y que tienen que empezar su vida nuevamente a partir de casi nada.

Grave problema y solución: la experiencia del autor en sus estudios por Centroamérica y también en América Latina, siempre lleva a la misma conclusión. Conforme más se incrementa el tamaño de las urbes latinoamericanas por la fuerte migración del campo a la ciudad, más crece la cantidad de construcciones que se presentan en condiciones de riesgo a las amenazas naturales, incluyendo los efectos del Cambio Climático. Es un crecimiento casi exponencial.

Las machas urbanas de las ciudades latinoamericanas cubren, cual extensa alfombra de cemento y rocas, los valles fluviales, las laderas de los volcanes activos y las fuertes laderas de las montañas que todavía no hace mucho estaban cubiertas de bosques con miradores para ver la ciudad.

Todo esto sucede sin estudios de Geoaptitud y todavía más grave, sin ordenamiento ni planificación del territorio. Salvo muy pocas excepciones, es un crecimiento urbano totalmente desordenado, caótico, vegetativo, al son de instrumentos normativos altamente permisivos que permiten construir prácticamente en cualquier local.

Así como en las ciudades latinoamericanas y centroamericanas y del Caribe, la Gran Area Metropolitana de Costa Rica sigue expandiendo su marcha urbana con cada vez más gente en condición de riesgo. Algo grave a la luz probabilística de un eventual terremoto urbano. Algo que debería llamar seriamente la atención de las autoridades.

Es de gran importancia desarrollar una planificación territorial verdaderamente sustentada en datos técnicos, donde la Geoaptitud del terreno no debe ser visto como un tema de conflicto con la ingeniería civil, sino como un complemento para desarrollar construcciones más seguras y resilientes. La geología y la ingeniería civil no son disciplinas técnicas en choque, como lo quieren hacer parecer algunos equivocados.