Allan Astorga Gättgens (abril 2026)
1. El país que no mira al mar como fuente de su desarrollo
Costa Rica ha construido, con mérito, una identidad profundamente ligada a su territorio continental. Bosques, parques nacionales, agricultura, turismo sostenible: todo eso forma parte de una historia de éxito que el mundo reconoce.
Pero hay una omisión estructural en esa narrativa país. Costa Rica no es solo un territorio terrestre. Es, en realidad, una nación oceánica.
Mientras el territorio continental ronda los 51.000 kilómetros cuadrados, el país posee una Zona Económica Exclusiva cercana a los 589.000 kilómetros cuadrados, más de diez veces su superficie terrestre [ver Figura 1]. Sin embargo, ese vasto espacio marino no ha sido integrado como parte central del modelo de desarrollo nacional.
Fig. 2. Zona Económica Exclusiva de Costa Rica. El área marina de Costa Rica sobrepasa los 580.000 kilómetros cuadrados. (Imagen de “Geography of Costa Rica”, documento elaborado por Silvia Meléndez).
No es un problema de falta de recurso. Es un problema de visión.
Durante décadas, el mar ha sido percibido como un borde geográfico, no como un eje estructural del país. Se le ha asociado con turismo, pesca artesanal o conservación puntual, pero rara vez se le ha entendido como lo que realmente es: uno de los activos estratégicos más importantes de Costa Rica en el siglo XXI.
Y esa desconexión tiene consecuencias.
En un contexto global donde la seguridad alimentaria, la reorganización de los ecosistemas marinos y la “economía azul” están redefiniendo el desarrollo de las naciones, ignorar el océano es una desventaja estratégica [2].
Más aún cuando, dentro de ese territorio marítimo, Costa Rica posee un sistema oceanográfico excepcional: el Domo Térmico de Costa Rica.
Se trata de un fenómeno real, documentado científicamente, que convierte una porción del Pacífico Oriental Tropical en una de las zonas de mayor productividad biológica del planeta [3].
En términos prácticos, esto se traduce en la concentración de especies de alto valor comercial como el atún aleta amarilla (Thunnus albacares), el dorado (Coryphaena hippurus), el pez espada (Xiphias gladius) y el atún patudo (Thunnus obesus).
Sin embargo, aquí surge una paradoja difícil de justificar:
Costa Rica posee uno de los sistemas marinos más productivos del Pacífico y la gran mayoría de su población no sabe que existe. Ni lo conoce. Ni lo entiende. Ni lo incorpora en su visión de país.
Ese vacío no es menor. Porque en el siglo XXI, los países que logren comprender, gestionar y aprovechar de manera inteligente su territorio marino serán los que lideren en estabilidad económica, resiliencia y capacidad de adaptación.
Costa Rica tiene esa oportunidad frente a sí. Pero reconocerla implica algo más que describir el recurso. Implica cambiar la forma en que el país se ve a sí mismo. Pasar de ser un país que mira hacia la tierra a ser un país que entiende que su futuro también está en el mar.
2. La fábrica invisible de vida: ¿qué es el Domo Térmico de Costa Rica?
Para entender el potencial del Domo Térmico de Costa Rica, primero hay que comprender una idea sencilla pero fundamental: el océano, en la mayoría de su extensión, es un desierto biológico.
Aunque a simple vista parezca abundante, gran parte del océano tiene muy pocos nutrientes disponibles en sus capas superficiales. Sin nutrientes, no hay fitoplancton. Y sin fitoplancton, no hay cadena alimentaria.
Por eso, la vida en el mar no se distribuye de manera uniforme. Se concentra en zonas muy específicas donde ocurren procesos físicos que permiten que los nutrientes lleguen a la superficie.
Uno de esos procesos es la surgencia oceánica, o upwelling (ver Figura 2).
Fig. 2. Esquema ilustrativo de una surgencia submarina (upwelling). Fuente: NOAA (National Oceanic Atmospheric Administration).
La surgencia ocurre cuando aguas profundas, frías y ricas en nutrientes ascienden hacia la superficie. Estas aguas contienen nitratos, fosfatos y otros elementos esenciales que activan la producción primaria del océano.
El Domo Térmico de Costa Rica es precisamente uno de esos sistemas.
Se forma por la interacción compleja entre los vientos alisios, la rotación de la Tierra (efecto de Coriolis) y la dinámica de corrientes marinas en el Pacífico Oriental Tropical. Esta combinación genera una elevación de la termoclina acercando aguas ricas en nutrientes a la superficie [4][3].
El resultado es extraordinario. Se activa una verdadera “fábrica de vida” en medio del océano. El proceso funciona como una cadena:
• aumento de nutrientes
• proliferación de fitoplancton
• crecimiento del zooplancton
• incremento de peces pequeños
• atracción de grandes depredadores
Y en la parte superior de esa cadena aparecen especies altamente valoradas en los mercados internacionales, como:
• atún aleta amarilla (Thunnus albacares)
• atún patudo (Thunnus obesus)
• dorado (Coryphaena hippurus)
• pez espada (Xiphias gladius)
• wahoo (Acanthocybium solandri) y marlines
Desde el punto de vista científico, esto convierte al Domo Térmico en un “hotspot biológico”, es decir, una zona de alta concentración de biomasa en comparación con las aguas circundantes [3]. Pero hay una característica que lo hace aún más relevante —y más complejo—: el Domo Térmico no es un sistema fijo.
A diferencia de los sistemas de surgencia costera como los de Perú o California, el Domo de Costa Rica es un sistema oceánico abierto y dinámico. Se desplaza. Se expande y se contrae. Se intensifica o se debilita.
Su comportamiento depende de factores como la intensidad de los vientos, la temperatura superficial del mar, la dinámica de corrientes regionales y fenómenos climáticos como El Niño y La Niña.
Esto tiene una implicación clave: el Domo no es una fuente constante de producción. Es un sistema vivo. Un sistema que funciona por pulsos de productividad, por cambios en el tiempo y en el espacio. Y eso cambia completamente la forma en que debe ser entendido.
No se puede gestionar como una mina. No se puede explotar como un recurso estático. Debe ser comprendido, monitoreado y manejado con inteligencia científica. Porque ahí radica tanto su potencial como su vulnerabilidad.
3. La riqueza que no hemos sabido aprovechar
Si el Domo Térmico de Costa Rica es uno de los sistemas de mayor productividad biológica del Pacífico Oriental Tropical, la pregunta es inevitable: ¿por qué el país no ha convertido ese potencial en un eje estratégico de su desarrollo?
La respuesta no es simple, pero sí es clara en su esencia: Costa Rica no ha tenido un modelo país para el mar.
Durante décadas, el desarrollo nacional se ha construido con éxito sobre el territorio continental. Agricultura, turismo, servicios, conservación: un modelo sólido, reconocido internacionalmente. Pero en ese proceso, el océano quedó fuera de la ecuación estratégica.
No porque no existiera riqueza, sino porque nunca se incorporó como prioridad.
En el ámbito pesquero, el enfoque predominante ha sido de carácter administrativo: otorgamiento de licencias, regulaciones generales y controles parciales. Este modelo ha permitido cierto orden, pero no responde ni a la complejidad de un sistema dinámico como el Domo Térmico ni a la magnitud de su potencial económico [2].
En la práctica, esto ha generado distorsiones estructurales. Una de las más relevantes es la baja captura de valor.
Durante años, una parte importante de los recursos marinos ha sido aprovechada sin que su valor real se traduzca en beneficios proporcionales para el país. En muchos casos, la actividad se ha concentrado en la extracción primaria, con limitado procesamiento local, escasa diferenciación de producto y débil posicionamiento en mercados de alto valor [5].
El resultado es claro: Costa Rica ha tenido recurso, pero no ha construido cadena de valor.
A esto se suma una segunda limitación crítica: el control.
El Domo Térmico se ubica en mar abierto, en una región extensa, dinámica y técnicamente compleja de monitorear. Sin sistemas robustos de seguimiento satelital, trazabilidad en tiempo real y fiscalización efectiva, el control del aprovechamiento del recurso se vuelve limitado.
En ese contexto, la evidencia internacional es consistente: las zonas de alta productividad oceánica tienden a atraer presión pesquera significativa, incluyendo pesca ilegal, no declarada o no regulada cuando los mecanismos de control son insuficientes [6].
Esto no implica necesariamente un colapso del recurso, pero sí un uso subóptimo desde la perspectiva país:
• bajo aprovechamiento económico real
• limitada generación de empleo en la cadena productiva
• escasa integración con el desarrollo de comunidades costeras
• débil incorporación de información científica en la toma de decisiones
Pero hay un punto aún más importante, y es aquí donde el problema se vuelve estratégico.
El Domo Térmico no es un recurso estático.
Es un sistema altamente dinámico, cuya productividad depende de procesos oceanográficos complejos y cada vez más influenciados por el cambio climático. Gestionarlo bajo un esquema rígido, basado únicamente en permisos o en lógica extractiva tradicional, no solo es ineficiente. Es técnicamente inadecuado.
El país no ha sobreexplotado el Domo en términos clásicos. Lo que ha ocurrido es algo distinto, y más sutil: lo ha subgestionado. No se han construido las herramientas institucionales, tecnológicas y científicas necesarias para entenderlo en tiempo real, anticipar su comportamiento y aprovecharlo de forma estratégica.
Y en el contexto actual, esto adquiere una dimensión aún mayor. El océano global está cambiando. Las zonas de productividad se están reorganizando. La biomasa marina se redistribuye en función de nuevas condiciones climáticas [7].
En ese escenario, los países que logren comprender a tiempo sus sistemas marinos y gestionarlos con inteligencia tendrán una ventaja estructural significativa. Los que no, quedarán rezagados.
Costa Rica todavía está en una posición privilegiada. No parte de un sistema colapsado. No enfrenta una degradación irreversible. Pero sí enfrenta una decisión crítica: seguir administrando el mar como un recurso secundario o empezar a gestionarlo como un activo estratégico de primer orden.
Porque, en el fondo, el problema nunca ha sido la ausencia de riqueza. Ha sido la ausencia de una visión país capaz de reconocerla y convertirla en desarrollo.
4. Un sistema vivo y vulnerable: el Domo Térmico en el contexto del cambio climático
El Domo Térmico de Costa Rica no existe en aislamiento. Forma parte de un sistema mucho más grande y profundamente interconectado: el océano global.
Y ese sistema está cambiando.
En las últimas décadas, la evidencia científica ha sido contundente: el océano ha absorbido más del 90 % del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero, alterando no solo su temperatura, sino también su estructura interna, su química y su dinámica [7].
Este proceso no es superficial. Está modificando el funcionamiento mismo del océano.
Uno de los cambios más relevantes es el aumento de la estratificación térmica. A medida que las aguas superficiales se calientan, se vuelven más ligeras y estables, lo que reduce la mezcla vertical con las aguas profundas.
Y esa mezcla es clave. Porque es precisamente la que permite que los nutrientes asciendan hacia la superficie.
Cuando la mezcla disminuye, la productividad biológica del océano tiende a reducirse.
Sin embargo, este proceso no ocurre de manera uniforme en todo el planeta. El océano no está colapsando de forma homogénea. Está entrando en una fase de reorganización funcional.
Mientras algunas regiones —especialmente en latitudes medias y altas— muestran señales de disminución en su productividad, otras zonas asociadas a sistemas de surgencia mantienen o incluso refuerzan su relevancia en el contexto global [2].
El Domo Térmico de Costa Rica se encuentra precisamente dentro de este grupo.
Su dinámica de surgencia le permite sostener niveles importantes de productividad incluso bajo condiciones de calentamiento global. Pero esto no significa que sea inmune.
Todo lo contrario. El Domo está cambiando.
El aumento de la temperatura superficial del mar puede afectar la eficiencia de la surgencia, limitando en ciertos momentos el ascenso de nutrientes. A esto se suma una mayor variabilidad climática, asociada a fenómenos como El Niño y La Niña, que pueden debilitar o intensificar el sistema de manera temporal.
El resultado es un cambio en el patrón de funcionamiento.
El Domo deja de comportarse como un sistema relativamente estable y pasa a operar como un sistema de productividad por pulsos.
Es decir: periodos de alta concentración de biomasa seguidos por fases de menor intensidad productiva.
Desde el punto de vista ecológico, esto implica una redistribución de la vida marina. Las especies no desaparecen necesariamente, pero cambian su comportamiento: se desplazan, se concentran en zonas específicas y responden a condiciones oceanográficas cambiantes.
Desde el punto de vista pesquero, esto tiene una implicación directa: la eficiencia ya no depende únicamente del esfuerzo. Depende de la capacidad de entender el sistema en tiempo real.
Y aquí es donde el enfoque tradicional deja de ser suficiente.
No es viable gestionar un sistema dinámico con herramientas estáticas. No es sostenible definir cuotas rígidas sin considerar el estado del océano. No es eficiente basarse únicamente en datos históricos.
Se requiere un cambio de enfoque.
Un modelo basado en monitoreo continuo, indicadores oceanográficos, análisis científico en tiempo real y capacidad de adaptación en la toma de decisiones.
Este es precisamente el tipo de enfoque que la literatura científica internacional ha identificado como indispensable en un contexto de cambio climático: la gestión adaptativa basada en evidencia [7].
Pero hay un elemento adicional que hace este análisis aún más relevante.
En un escenario global donde muchos ecosistemas marinos enfrentan degradación, pérdida de biomasa y sobreexplotación, el Domo Térmico de Costa Rica mantiene una condición relativamente favorable dentro del Pacífico Oriental Tropical.
Esto lo convierte en un sistema estratégicamente valioso.
No solo por lo que es hoy, sino por lo que puede llegar a ser en un futuro cercano.
Sin embargo, esa ventaja no está garantizada.
Un sistema dinámico, sometido a presión y mal gestionado, puede deteriorarse rápidamente.
Y aquí es donde la diferencia entre oportunidad y riesgo se vuelve crítica: el cambio climático no elimina el potencial del Domo, pero sí eleva el nivel de exigencia para gestionarlo correctamente.
Porque en un océano que cambia, los sistemas que se mantienen productivos no son necesariamente los más abundantes. Son los mejor comprendidos y los mejor gestionados.
5. La oportunidad país: del Domo Térmico a una economía azul de alto valor
Si el Domo Térmico de Costa Rica es un sistema altamente productivo, y si el océano global está entrando en una fase de reorganización, entonces la pregunta deja de ser científica. Pasa a ser estratégica.
¿Qué puede hacer Costa Rica con esto?
La respuesta es clara: convertir el Domo Térmico en uno de los pilares de un nuevo modelo de desarrollo basado en el mar.
Porque lo que está en juego no es únicamente pesca. Es economía, empleo, seguridad alimentaria y posicionamiento internacional.
Desde el punto de vista técnico, diversos análisis coinciden en que el Domo Térmico tiene capacidad para sostener, bajo criterios de manejo sostenible, capturas en el orden de 80.000 a 120.000 toneladas anuales de especies pelágicas de alto valor comercial [2].
Pero ese dato, por sí solo, no es lo más importante. La verdadera diferencia está en cómo se gestiona ese recurso.
Hoy, en el mercado internacional, el valor del producto varía significativamente según el nivel de procesamiento y certificación:
• materia prima sin procesar: aproximadamente $1.500 por tonelada
• producto procesado: alrededor de $3.000 por tonelada
• producto premium certificado: hasta $4.500 por tonelada
Esto cambia completamente la lógica económica.
No se trata simplemente de pescar más. Se trata de capturar más valor.
En un escenario básico, el Domo podría generar ingresos cercanos a los $120 millones anuales.
Pero en un escenario estratégico —con procesamiento nacional, trazabilidad y posicionamiento en mercados premium— el valor podría superar los $500 millones anuales.
La diferencia no está en el océano. Está en el modelo país.
Costa Rica no debe aspirar a ser un país que exporta materia prima. Debe convertirse en un país que pesca con inteligencia, procesa con valor agregado, certifica con estándares ambientales y exporta calidad premium.
Este cambio implica una transformación estructural del sector pesquero.
Requiere desarrollar una flota nacional moderna, infraestructura portuaria y cadena de frío, plantas de procesamiento, sistemas de trazabilidad completa y certificación ambiental internacional.
Y, sobre todo, implica que el valor económico se quede en el país.
El impacto de este modelo no se limita a las cifras macroeconómicas. Tiene un efecto directo en el territorio.
Por cada 1.000 toneladas procesadas, se pueden generar entre 40 y 60 empleos directos, además de empleo indirecto en transporte, logística y servicios [8].
Esto abre una oportunidad concreta para dinamizar regiones como Puntarenas, Guanacaste y el Pacífico Central.
A esto se suma una ventaja estratégica clave: la calidad ambiental de las aguas costarricenses.
En un contexto global donde la contaminación marina aumenta, la posibilidad de ofrecer productos de origen limpio representa un diferencial competitivo real.
El mercado internacional ya no busca solo volumen. Busca trazabilidad, sostenibilidad, calidad sanitaria y confianza en el origen.
Pero hay un elemento clave que debe ser entendido: el Domo Térmico no puede ser la única base del sistema productivo.
Por su naturaleza dinámica, debe complementarse con acuicultura marina estratégica.
Este enfoque dual —pesca oceánica y acuicultura— permite estabilizar la producción, reducir riesgos climáticos y diversificar la base productiva.
Existe potencial en especies como cobia, pargo, camarón, moluscos y macroalgas.
Este componente no sustituye al Domo. Lo fortalece.
Desde el punto de vista financiero, la implementación de este modelo requiere una inversión inicial estimada entre 300 y 400 millones de dólares.
Pero no es un gasto. Es una inversión país.
Una inversión con capacidad de generar ingresos anuales cercanos a los 500 millones de dólares, además de empleo y desarrollo regional.
Lo que está frente a Costa Rica no es un proyecto sectorial. Es una redefinición de su modelo de desarrollo.
En un mundo donde los océanos están cambiando y la demanda de proteína marina seguirá creciendo, los países que logren gestionar sus recursos con inteligencia serán los que lideren.
Costa Rica tiene recurso, estabilidad institucional y reputación ambiental.
Lo único que falta es decisión.
6. La propuesta: una ley para transformar el modelo pesquero de Costa Rica
Frente a este contexto —un sistema oceánico en transformación, un recurso estratégico subutilizado y una oportunidad país evidente— la conclusión es inevitable: Costa Rica necesita cambiar la forma en que gestiona su riqueza marina.
No con ajustes menores. No con reformas parciales. Sino con un cambio estructural en su modelo de gestión pesquera.
Ese es precisamente el objetivo del Proyecto de Ley para el Aprovechamiento Pesquero Sostenible y Estratégico del Domo Térmico de Costa Rica.
Esta propuesta no surge como una iniciativa aislada. Es la respuesta técnica a un problema claramente identificado: la ausencia de un modelo moderno, científico y estratégico para gestionar el principal sistema productivo del océano costarricense.
El modelo actual, basado principalmente en licencias, regulaciones generales y controles parciales, fue diseñado para un contexto distinto. No responde a la dinámica de un sistema como el Domo Térmico, ni permite capturar plenamente el valor que ese sistema puede generar para el país.
La propuesta introduce un cambio fundamental: pasar de un modelo administrativo a un modelo de gestión adaptativa basada en ciencia.
Esto implica que las decisiones clave —cuánto pescar, cuándo pescar y dónde pescar— no se definan de forma fija, sino que se ajusten continuamente en función del estado real del sistema.
No se trata de pescar más. Se trata de pescar mejor.
Para ello, el proyecto plantea la incorporación de herramientas técnicas esenciales: monitoreo oceanográfico continuo, uso de indicadores de productividad, evaluación periódica de biomasa y análisis en tiempo real del comportamiento del sistema.
Uno de los pilares centrales de la propuesta es la implementación de Reglas de Control de Captura, que permiten ajustar el esfuerzo pesquero de manera automática según las condiciones del ecosistema.
Esto elimina la discrecionalidad y la sustituye por decisiones basadas en evidencia.
En paralelo, la propuesta contempla la creación de un Comité Científico Permanente, integrado por especialistas, cuya función será evaluar el estado del Domo Térmico y emitir recomendaciones técnicas para la gestión del recurso.
Este elemento introduce la gobernanza basada en ciencia como eje del modelo.
Pero la ley no se limita al manejo biológico del recurso. También aborda uno de los principales vacíos del sistema actual: el control.
El proyecto plantea fortalecer el monitoreo mediante seguimiento satelital de embarcaciones, trazabilidad completa del producto, registro digital obligatorio de capturas y sistemas de verificación en tiempo real.
Esto permite enfrentar problemas estructurales como la pesca ilegal, la subdeclaración de capturas y la falta de transparencia en la cadena productiva.
Al mismo tiempo, la propuesta incorpora un componente clave para transformar el impacto económico del sector: la captura de valor agregado dentro del país.
Esto implica promover el desarrollo de flota nacional, el procesamiento interno del producto, la certificación ambiental y la exportación de productos de alto valor.
De esta forma, el modelo deja de centrarse en la extracción y pasa a centrarse en la generación de valor.
Adicionalmente, la propuesta integra un enfoque estratégico que responde al contexto de cambio climático: un modelo dual que combina pesca oceánica con acuicultura marina sostenible.
Este componente permite estabilizar la producción, reducir la vulnerabilidad frente a la variabilidad del Domo y diversificar la base productiva nacional.
Desde el punto de vista financiero, la implementación del sistema requiere una inversión inicial estimada entre 300 y 400 millones de dólares.
Pero no se trata de un gasto. Es una inversión estructural con capacidad de generar ingresos anuales cercanos a los 500 millones de dólares, además de empleo, desarrollo regional y fortalecimiento de la seguridad alimentaria.
Más allá de sus componentes técnicos y económicos, el valor principal de esta propuesta es su visión: integrar el mar como un eje central del desarrollo nacional.
Este proyecto de ley no pretende ser una solución perfecta. Pero sí cumple una función fundamental: abrir la discusión correcta, introducir una base técnica sólida y proponer un camino viable hacia un modelo pesquero moderno, sostenible y alineado con los desafíos del siglo XXI.
Porque, en última instancia, lo que está en juego no es únicamente una ley. Es la capacidad del país de entender su realidad y actuar en consecuencia.
7. Una decisión país: mirar al mar y pensar en grande
Costa Rica se encuentra frente a una decisión que no es menor.
No se trata únicamente de desarrollar un nuevo sector productivo. No se trata solo de aprovechar mejor un recurso natural.
Se trata de algo más profundo: definir cómo queremos posicionarnos como país en el siglo XXI.
Durante décadas, Costa Rica ha construido una imagen internacional basada en la protección ambiental, la estabilidad institucional y la búsqueda de un desarrollo sostenible. Ese camino ha sido correcto.
Pero hoy, el contexto global ha cambiado.
El mundo enfrenta una creciente presión sobre sus sistemas alimentarios. Los océanos están en transformación. Las pesquerías tradicionales se están reconfigurando.
Y la demanda de proteína marina continúa creciendo.
En ese escenario, los países que logren integrar ciencia, sostenibilidad y visión estratégica serán los que lideren.
Costa Rica tiene esa posibilidad.
Tiene un territorio marino amplio. Tiene un sistema oceanográfico excepcional. Tiene una reputación ambiental sólida. Y tiene la capacidad institucional para hacer las cosas bien.
Lo que históricamente ha faltado no es recurso. Es decisión.
El Domo Térmico de Costa Rica representa mucho más que una zona de alta productividad biológica.
Es una oportunidad para repensar el papel del mar en la economía nacional. Es una oportunidad para generar empleo en las zonas costeras. Es una oportunidad para producir alimentos de alta calidad bajo estándares ambientales. Es una oportunidad para posicionar a Costa Rica como un referente internacional en economía azul sostenible.
Pero también es una responsabilidad.
Porque gestionar un sistema como el Domo exige disciplina, conocimiento y visión de largo plazo.
No basta con tener el recurso. Hay que saber administrarlo.
Y ahí es donde el país debe dar el salto.
El proyecto de ley propuesto no es un punto de llegada. Es un punto de partida.
Una base para construir un modelo distinto. Un modelo donde la ciencia guía las decisiones, donde el control garantiza la sostenibilidad y donde el valor generado beneficia al país en su conjunto.
Esta no es una discusión sectorial. No es un tema exclusivo del sector pesquero.
Es una discusión sobre el modelo de desarrollo nacional.
Sobre si Costa Rica quiere seguir observando cómo cambian los sistemas globales o si decide entender esos cambios y actuar a tiempo.
Porque el mundo no va a esperar.
La reorganización de los océanos ya está en marcha. Las oportunidades se están redistribuyendo.
Y los países que tomen decisiones tempranas serán los que definan su lugar en el nuevo contexto global.
Costa Rica todavía está a tiempo. Pero no indefinidamente.
Mirar al mar no es una opción. Es una necesidad estratégica.
Pensar en grande tampoco es un lujo. Es la condición mínima para estar a la altura del momento histórico que estamos viviendo.
Referencias
[1] Naciones Unidas. (1982). Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Montego Bay, Jamaica: Naciones Unidas.
[2] Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). (2022). The State of World Fisheries and Aquaculture 2022: Towards Blue Transformation. Rome: FAO.
[3] Stukel, M. R., Barbeau, K. A., Knapp, A. N., & Landry, M. R. (2016). The Costa Rica Dome: A physical-biological hotspot in the eastern tropical Pacific. Progress in Oceanography, 138, 235-251.
[4] Fiedler, P. C. (2002). The annual cycle and biological effects of the Costa Rica Dome. Deep-Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers, 49(2), 321-338.
[5] European Commission. (2023). The EU Fish Market 2023 Edition. Luxembourg: Publications Office of the European Union.
[6] Agnew, D. J., Pearce, J., Pramod, G., Peatman, T., Watson, R., Beddington, J. R., & Pitcher, T. J. (2009). Estimating the worldwide extent of illegal fishing. PLoS ONE, 4(2), e4570.
[7] Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). (2022). Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability. Cambridge: Cambridge University Press.
[8] Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2020). Regulatory Governance and Reform. Paris: OECD Publishing.
[9] Costello, C., Ovando, D., Clavelle, T., Strauss, C. K., Hilborn, R., Melnychuk, M. C., Branch, T. A., Gaines, S. D., Szuwalski, C. S., Cabral, R. B., Rader, D. N., & Leland, A. (2016). Global fishery prospects under contrasting management regimes. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(18), 5125-5129.