Tren rápido de pasajeros: avanzamos o seguimos en el pasado

En las últimas semanas se ha abierto un debate sobre el Tren Rápido de Pasajeros vinculado a la solicitud que hace el Poder Ejecutivo a la Asamblea Legislativa para que se apruebe un préstamo del BCIE para iniciar su desarrollo. Como producto de eso, se han levantado voces que se oponen y señalan diversos argumentos.

Algunos de esos argumentos cuestionan los estudios de factibilidad técnica que sustentan las propuesta, mientras que otros, aprovechando la situación de emergencia sanitaria en que estamos, y aprovechando la coyuntura política, hasta piden que es mejor financiar la CCSS con ese dinero del tren. Entre esos dos puntos extremos, también se han expuesto diversos argumentos donde incluso se cuestiona si debajo de todo esto no hay un “gran chorizo”.

Breve historia: como consultor a cargo de los estudios ambientales del Plan Regional Urbano y Rural de la Gran Area Metropolitana (PRUGAM) entre el 2008 – 2010 y como coordinador del Estudio de Impacto Ambiental del Tren Eléctrico Metropolitano (TREM) tuve la oportunidad de conocer la historia del proyecto de un tren moderno para la GAM.

Tenemos casi 20 años de estar haciendo estudios de pre y factibilidad para el Tren Eléctrico. Cada vez que se llega a un punto de avance importante, siempre se levantan voces que se oponen y dicen que los estudios están insuficientes y que nos falta hacer más estudios.

Como he escrito en varias ocasiones (ver www.allan-astorga.com) en el 2009 obtuvimos la Viabilidad Ambiental para el proyecto del TREM. Un proyecto menos ambicioso que el actual Tren Rápido de Pasajeros que plantea ahora el INCOFER. De haber seguido con el proyecto, para el 2011 hubiésemos iniciado su construcción, antes que el Metro de Panamá, que sigue avanzando, con todos los altibajos que ha tenido.

Sin embargo, en aquel momento se levantaron los famosos “peros a los estudios” y al final el proyecto no se pudo concretar. En su lugar, hemos estado impulsando un tren del siglo XIX, ruidoso, lento y contaminador del ambiente porque no es eléctrico, sino que quema diésel y emite gases de efecto invernadero.

Ahora, diez años después, nuevamente, cuando se está a las puertas de poder dar un salto cualitativo hacia desarrollar un tren en la GAM que de verdad sea del siglo XXI, no contaminante y que facilite el transporte y la movilidad de más de 200 mil personas de la GAM y, sobretodo, que nos haga sentir orgullosos y conscientes de que estamos haciendo algo por salvar a nuestro planeta, se levantan nuevas voces de cuestionamiento que más que mejorar el proyecto, parece que lo que desean es que nunca se haga.

Los argumentos que se levantan se parecen mucho a los de hace 10 años, cuando se echó por la borda todo el esfuerzo para el TREM. Ahora se trata del Tren Rápido de Pasajeros. Y lo malo es que no se proponen alternativas rápidas de solución. Solo se dice que los números no dan o que simplemente no debería hacerse. El común denominador parece ser la falta de visión de futuro, si es que no existen otros intereses diferentes, como el de mantener el statu quo de seguir usando un aparatoso y contaminante sistema de autobuses que llena y obstruye nuestras calles.

Hora de actuar: los estudios científicos a nivel internacional y las mismas advertencias de la ONU, son claros, la contaminación de nuestra atmósfera terrestre por gases de efecto invernadero se sigue incrementando, incluso, pese a la Pandemia del COVID – 19. Conforme esto suceda, más se incrementa el Calentamiento Global y los efectos de negativos de la Crisis Climática.

La situación ya no está para ponernos a hacer más y más diagnósticos. No hay tiempo. La estrategia de la descarbonización es muy importante que sea acelerada y consolidada.

El Tren Rápido de Pasajeros, además de ofrecer una alternativa moderna y eficiente de transporte para los habitantes de la GAM, es un paso hacia la descarbonización y un paso en la dirección correcta.
Costa Rica, por su tamaño, contribuye poco en las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero por su cultura de protección del ambiente, su contribución a nivel internacional es muy importante. Pasar de un tren ruidoso y contaminante del siglo XIX a un tren moderno, eléctrico y seguro del siglo XXI es una noticia que, en medio de toda esta crisis que estamos pasando, se interpreta como esperanzadora y optimista. Algo que todos necesitamos.

Finalmente, a los que levantan voces en contra del proyecto del Tren Rápido de Pasajeros, con diversos argumentos, solamente les solicito que revisen la historia de lo sucedido hasta ahora y que valoren si, en vez de estar formando parte de la solución y el avance del país, se están convirtiendo en parte del enorme lastre de problemas que impiden a que nuestra nación avance hacia el progreso. En esto, la historia como el tiempo no perdonan.

Publicación original Junio 14, 2020 4:33 am