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Candidatos y ambiente: ¿Cuándo se va a hablar en serio?

Para los que trabajamos en temas ambientales, y tenemos años de estar discutiendo su problemática y los yerros que, con mucha frecuencia, se cometen sobre este tema en la diferentes administraciones de gobierno (ver: www.allan-astorga.com), llama la atención la forma en que los actuales candidatos a la presidencia tratan el tema “ambiental”.

Desafortunadamente, tenemos que empezar diciendo, que lo presentan como un simple instrumento para atraer votos, en particular el voto “joven” y de aquellos “no tan jóvenes”, pero que tienen una seria preocupación por lo que pasa con el ambiente. 

Con lo que dicen, y lo más grave, con lo que prometen, dejan ver que, en la mayoría de los casos, conocen muy poco del tema y su problemática, por lo que hacen promesas que, aunque suenan bien, dejan ver que no están respondiendo a las verdaderas prioridades que tiene la atención del problema ambiental, en nuestro país y en el mundo. Por eso es importante hacer un pequeño repaso, tanto para los candidatos como a los lectores, para tratar de saparar el “trigo de la paja”.

Problemática ambiental: no solo se refiere al Cambio y Variabilidad Climática y a la producción de emisiones. Dicho sea de paso, hemos sido muy críticos con el tema del Acuerdo de Paris del 2015, no por sus objetivos, como el de “Descarbonizar” (dejar de usar hidrocarburos), sino por los plazos planteados. Hemos señalado que esos plazos coinciden bastante con el momento en que los yacimientos de hidrocarburos en el mundo se agoten, algo que no tiene lógica cuando el problema de la cantidad de CO2 en la atmósfera planetaria ya ha alcanzado limites suficientemente altos y cuando los efectos del Cambio Climático se van acentuando y agravando año con año. 

A nivel planetario, el problema ambiental está alcanzando cifras alarmantes. Existen varios indicadores clave que nos deben llamar la atención: a) la tasa de deforestación de bosques naturales, incluyendo la Amazonia, es de cerca de 5 millones de hectáreas al año (un territorio como el de Costa Rica), b) la gran pérdida de biodiversidad, tanto que nos encontramos inmersos en la VI Gran Extinción Masiva de Especies, la primera de origen antrópico, c) el rápido y desbalanceado crecimiento de la población mundial que indica que para el año 2050 la humanidad alcanzará la impresionante cifra de 10 mil millones de habitantes, concentrados en su gran mayoría en ciudades, d) la sobreexplotación y la severa contaminación marina que está debilitando, poco a poco, que los mares sigan aportando nutrientes a la humanidad (se estima que a partir del 2048 se alcanzará un límite critico) y,  e) el inexorable hecho de que, de forma global, la humanidad, desde marzo del 2015, alcanzó el limite crítico de la afectación de los biomas terrestres, superando su capacidad de resiliencia (capacidad de recuperarse), de forma tal que empezamos a vivir desde ese momento con la “tarjeta ecológica” en números rojos, dado que estamos dañando de forma irreversible la ecoesfera de nuestro planeta. Algo muy grave que, dado que su reacción se notará con los años, lentamente, a nadie parece importarle, en particular al comercio y la economía mundial que, son altamente depredadores del ambiente y cuyo objetivo son las ganancias rápidas, haciendo pensar que los recursos naturales y el ambiente, son casi infinitos. 

Problemática ambiental nacional: en ese contexto, debemos comprender el problema ambiental de un país como Costa Rica y no solo en el tema “de moda” que es el “Cambio Climático”.  Tan desubicados estamos que creemos que todo está casi solucionado, cuando nos autoengaños repitiendo que nuestro país es uno de los líderes en el mundo, dado que tiene su base de producción eléctrica en casi 100 % energías limpias. 

Los problemas ambientales verdaderamente serios no se relacionan directamente con el cambio climático, sino con otros ámbitos de la gestión ambiental de nuestro espacio geográfico continental y marino.  Veamos algunos de ellos: 

1. La vulnerabilidad de la población del país a los desastres (población en alto y muy alto riesgo) alcanza ya el 25 % y la tendencia es creciente. Esto es muy grave dado que el país se encuentra en la lista de los 15 países más vulnerables a los efectos del cambio climático (inundaciones, deslizamientos, avalanchas), y que, además, existe otros riesgos geológicos también importantes como los terremotos, la actividad volcánica y hasta los tsunamis. La única manera de atender esto es con Planificación y Ordenamiento Ambiental Territorial, algo en lo que hemos fallado todos y que urge corregir, empezando por aplicar la legislación ambiental vigente desde hace más de 10 años, y que sigue “opacada” por la legislación urbana, que es altamente permisiva y causante del caos urbano con que crecen las ciudades del país.

2. La Gran Área Metropolitana (GAM) en una urbe que concentra más de la mitad de la población del país en tan solo el 3,5 % de su territorio continental y que carece de cualquier tipo de planificación urbana. Es una urbe caótica, contaminada y atrofiada, cuya planificación ambiental territorial fue impedida por intereses económicos y políticos, quedando en el “limbo” mientras que la ciudad sigue creciendo, junto con las presas, la contaminación y el desorden urbano, que provoca mucho estrés, pérdida de tiempo y hasta enfermedades cuyo costo de atención es muy alto. El tema del transporte público sigue sin tener soluciones concretas y, mientras tanto, es el principal causante de la contaminación con CO2 y de que la factura petrolera del país se incremente año con año. Divisas que, con la correcta planificación energética, deberían quedarse en el país, produciendo empleo. El desorden urbano en la GAM tiene graves repercusiones en la economía, con un costo que se estima en $1.500 millones anuales.

3. Ausencia de Planificación Estratégica con la dimensión ambiental a mediano y largo plazo. El desarrollo e inversión en infraestructura sigue tomándose sobre la base de decisiones políticas caprichosas, que no toman en cuenta la base de información técnica y científica y llevan a que cada vez se dé más y más sacrificio ambiental, adicionado al desperdicio de importantes recursos económicos (frustrada refinería china, Trocha, caso de APMT, cementazo, etc.). A pesar de que el turismo representa la principal fuente de ingresos para el país, se ha continuado con el deterioro de la naturaleza, por lo que, si no hacemos algo, más temprano que tarde vamos a provocar el decaimiento irreversible de esta importante actividad económica para el país y que tanto empleo produce.

4. A lo anterior se suma el serio y sistemático deterioro de nuestras áreas silvestres protegidas, incluyendo los parques nacionales, no solo por la mala gestión realizada (mucha burocracia), sino por la falta de guardaparques y su correcto equipamiento, para que puedan proteger la flora y fauna silvestre, no solo de los cazadores ilegales, sino también de los narcotraficantes, los mineros ilegales, y hasta de los incendios forestales provocados por gente irresponsable.

5. A pesar de que se nos dice, con mucho orgullo, de que el país ha “recuperado su masa boscosa”, la realidad es que, desde hace algunos años, precisamente debido a la falta de una efectiva gestión ambiental institucional del país, se ha estado dando una sistemática pérdida de biodiversidad continental y marina. El censo agropecuario del 2015 del MAG indicando la existencia de 37.200 hectáreas de piña debe contraponerse a un estudio reciente con fotos satelitales en las que ascienden a más de 58.000: una diferencia que hace ver el poco control y fiscalización del Estado, y el alcance de un monocultivo implantado con fuerza a partir del 2007 y que debe ser considerado como una verdadera vergüenza social y ambiental.

6. Nuestros mares se encuentran sobreexplotados y descuidados, con tendencia a seguir deteriorándose por la falta de acciones estratégicas que consideren su situación ambiental. El aleteo del tiburón sigue dándose debido a la falta de una estrategia sustentable que fije prioridades y cree soluciones para los pescadores artesanales, no así a las grandes empresas que lucran con el negocio. Lo mismo sucede con el tema de la pesca de arrastre, algo absolutamente inadmisible en estos tiempos.

7. Es claro que existe una clara y evidente ausencia de un control ambiental efectivo. Existen instituciones ambientales y pocas acciones concretas. Cada vez hay más burocracia y el sacrificio ambiental se incrementa. Existe un interés manifiesto de debilitar la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), con el pretexto de “fortalecer” a la SETENA en su tarea de que se convierta en una simple oficina administradora de permisos para aumentar el ya severo sacrificio ambiental que tiene el país. Vamos en dirección contraria en la búsqueda de soluciones sobre este tema, lo cual, tiene como consecuencia que se dé más desempleo y mayor daño ambiental al país. La judicialización de procesos está en incremento.

8. En las zonas rurales los problemas no son menores, sino peores. Basta ver la forma, casi exponencial, del crecimiento de las plantaciones intensivas de piña, que se suman a las de otros cultivos como el banano, el arroz, la caña, el melón y otros, en los cuales se usan paquetes tecnológicos de agroquímicos (muchos de ellos tóxicos y prohibidos en otros países) y que llevan a que, a la larga, se contaminen los suelos y los acuíferos del país, precisamente uno de los recursos naturales más importantes de que se dispone.

Aunque hay más indicadores, con los señalados es más que suficiente para darse cuenta que tenemos una seria, muy seria problemática ambiental que debemos atender y que requiere convertirse en el eje de una propuesta de una nueva gestión administrativa del Estado.  Dejarla por fuera, considerando que otros temas como el empleo, la brecha social, la corrupción, los impuestos y la seguridad, son temas más importantes, es un grave error; dado que la coyuntura actual exige soluciones integrales, serias y debidamente sustentadas.  Para usar una metáfora, es como si nos estuviéramos preocupando por pintar la casa y ponerle rejas, cuando la casa entera está a punto de deslizarse o de ser arrastrada por un río.

A los candidatos, el mensaje es claro: la situación amerita que se defina un eje que conforme la columna vertebral de la estrategia de acción. Algo que realmente enrumbe al país hacia su desarrollo sustentable, en cumplimiento del Principio de Sustentabilidad Ambiental, y que le de esperanza a las nuevas generaciones de que si hay posibilidad de tener un país mejor y líder en el mundo, como ejemplo de desarrollo sustentable. 

Los otros temas de siempre lo único que hacen es recordarnos que los políticos lo único que quieren es nuestro voto, para seguir accionando en algo que nos daña a todos: sumergirnos un poco más, a la gran mayoría, en el subdesarrollo, mientras sus amigotes hacen fiesta con nuestros recursos naturales.

El impostergable cambio que requiere Costa Rica

En época electoral, cada cuatro años, los candidatos nos hablan de lo bueno que pueden hacer por mejorar nuestro país. Algunos, ahora, nos dicen que incluso, a pesar de que se han cometido errores, se pueden hacer cambios hacia una senda de desarrollo. Las promesas y los compromisos surgen como el rocío de la mañana y, al igual que ese rocío, se evaporan cuando se pregunta cómo se van a resolver esos problemas.

El tema ambiental, visto desde una perspectiva amplia, no escapa a ese devenir de promesas y compromisos que, a la larga, no se cumplen, y que cada cuatro años, para una mayoría cada vez más creciente, nos plantean cuestionamientos cada vez mas agobiantes ante los embates inclementes de la naturaleza, que seguimos ignorando a la hora de tomar decisiones.

Situación. Dado quelos problemas socioeconómicos son serios –traducidos en la casi urgente necesidad de subir los impuestos–, así como también el índice de pobreza, el desempleo, la educación, la inseguridad y la situación de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), entre otros,los temas ambientales quedan en un segundo plano. Casi ni se mencionan, pese a que el análisis de las propuestas de los candidatos sobre esa problemática podría darnos una mejor luz sobre su verdadero compromiso para con el país. De ahí que hacer un rápido repaso de su situación puede ayudarnos a escoger mejor nuestra alternativa de cambio.

El tema ambiental tiene la ventaja (aunque para algunos es una desventaja) de que sus indicadores y, en particular, su tendencia de cambio son un fiel reflejo de cuán bien (o mal) se han hecho las cosas. Aunque en el pasado los indicadores ambientales no eran relevantes para valorar el grado de avance de una sociedad y de un país, ahora, en pleno siglo XXI, ignorar esos datos es suicida, pues una economía que crece a costa de un sacrificio socioambiental vive una fantasía temporal que, al terminar, se revierte con un costo muy alto.

Por eso, en el caso de Costa Rica, y desde hace algunos años, se han encendido señales de alerta que todavía muchos parecen ignorar, sin reconocer con verdadero tino que los signos de los tiempos nos piden a gritos un cambio en nuestro modelo de desarrollo.

Los indicadores que nos recuerda cada año el Informe del Estado de la Nación son muy claros.Nuestro modelo de desarrollo económico se ha hecho depredador de la naturaleza. Mientras nuestra huella ecológica se hace cada vez más negativa, nuestros indicadores sociales nos dicen que, en el campo de la disminución de la pobreza, no progresamos. La brecha entre los más ricos y los más pobres cada vez se abre más, convirtiéndose en un abismo que, tarde o temprano, podría tragarse los avances sociales del pasado.

Aunque nos propusimos ser carbono-neutrales para el 2021, nuestro modelo de desarrollo energético “avanza” en otra dirección.Nuestra Gran Área Metropolitana (GAM), urgida de orden y planificación, retrocede cada vez más hacia el caos urbano, el desperdicio y la contaminación, cuyo costo ya alcanza los ¢1.000 millones por día.

Y, como si eso fuera poco, la condición de riesgo ante las amenazas naturales de nuestra población crece día a día por falta de un certero y efectivo ordenamiento y planificación territorial. Ello, pese a que Costa Rica y Centroamérica califican como la zona del planeta más vulnerable a la variabilidad y el cambio climáticos, algo que deberíamos tomarnos muy en serio.

Y todavía hay más: nuestras áreas silvestres protegidas se han debilitado, nuestros mares se han empobrecido por la pesca indiscriminada y nuestra biodiversidad corre el grave riesgo de disminuirse por la falta de una efectiva política de protección ambiental. Además, nuestra enorme riqueza hídrica, particularmente subterránea, también está en peligro de convertirse, por nuestras propias decisiones (o falta de ellas), en nuestra principal traba al desarrollo.

Alternativas. En medio de esta situación que muchos prefieren ignorar para concentrarse en temas como los impuestos, la pobreza, el desempleo, la corrupción y la CCSS, las alternativas que se plantean son relativamente pocas y limitadas. Pocos nos plantean soluciones concretas y efectivas. Lo que sí debemos tener claro es que el país necesita un cambio para mejorar. Un cambio urgente y bien sustentado.

Seguir pensando que podemos alargar aún más el modelo de desarrollo desordenado y desequilibrado que hemos impulsado durante las últimas décadas,es seguir en lo mismo y significa no tener clara nuestra situación real.

Pensar que el mercado nos resolverá los grandes problemas de sostenibilidad ambiental tampoco es una alternativa correcta, en la medida en que representa profundizar todavía más las desacertadas decisiones que se han tomado en los últimos años. Crucitas, expansión piñera desenfrenada, desarrollo costero descontrolado y exploración petrolera son algunas de las aristas más visibles de una pésima lectura de la apertura a la inversión extranjera en el país, al creer que toda inversión es buena en sí misma, sin discernir claramente la que es deseable y la que no lo es.

El camino del cambio debe ser inclusivo en la medida en que debe tomar en cuenta a toda la sociedad, y no solamente a unos cuantos sectores, al momento de tomar decisiones estratégicas para el país.

Las soluciones para los problemas de Costa Rica, no solo las ambientales, sino todas en general, deben partir de un proceso de discusión abierta y de toma de decisiones estratégicas, fundamentado en tres principios fundamentales: transparencia, información y participación. Solo así, nuestro país podría enrumbarse hacia la corrección de sus errores y definir un norte claro hacia donde avanzar, según un esquema propio, no importado, sino nacional y autóctono. Como hemos dicho ya, nuestra sociedad está lista para ello desde hace tiempo. La inversión en educación y salud que permitió la abolición del ejército no debe ser ignorada o subestimada.

Decisión. Lo que también es fundamental para los ciudadanos en esta coyuntura política es que debemos ser parte de la solución analizando las alternativas y participando en las elecciones.

Es nuestra obligación como ciudadanos y debemos escoger la alternativa que más seguridades nos ofrezca respecto a un verdadero cambio para avanzar como país. Las alternativas están abiertas y la decisión es nuestra.