Efecto acumulativo y progreso humano sustentable

Para la mayoría de los seres humanos el llamado efecto acumulativo, es desconocido o, en su defecto, es ignorado por no resultar, en principio, de trascendencia para lo que es el transcurrir de nuestras vidas. Sin embargo, tiene una enorme importancia, no solo en la calidad de nuestras vidas, sino, también, en nuestro futuro, ya sea colectivo o individual. Tratamos aquí este trascendental tema ambiental y lo vinculamos a otro tema de igual importancia: el progreso humano verdaderamente sustentable, algo que, aunque para algunos no es posible, en realidad si se puede alcanzar.

Efecto acumulativo: un popular y conocido ejemplo del efecto acumulativo es el de la gotita de agua que cae sobre una roca. Una sola gota chocando contra una dura roca no logra hacer casi nada. Sin embargo, cuando le sumamos el tiempo, la gota chochando durante años contra la roca, forma una cavidad y puede llegar a romper la roca por completo.

Así, podemos decir que el efecto acumulativo es la acción de un agente a través del tiempo y que, por la suma de sus efectos, puede generar un cambio significativo en el medio donde actúa.
Y eso es precisamente lo que tiene a la Ecosfera terrestre afectada por los efectos acumulativos que ha provocado el ser humano en poco más de 210 años desde que inició la era industrial y sus efectos empezaron a ser más significativos.

Crecimiento acumulativo: en el año 1810, aproximadamente, la humanidad tenía una población cercana los mil millones de habitantes. El 95 % de esa población era muy pobre y el promedio de vida era bajo (de 30 a 40 años), sin embargo, los efectos ambientales de la humanidad en la Ecosfera terrestre eran poco significativos.

Sin embargo, con el inicio y desarrollo de la industrialización la situación cambió rápidamente. Con el quemado de los combustibles fósiles se empezó a incrementar de forma artificial (humana) el contenido de dióxido de carbono en la atmósfera y así empezó a incrementarse la temperatura de ésta. Se inicia así, de forma acumulativa, el calentamiento global y el Cambio Climático y sus efectos.

De forma paralela al desarrollo industrial y a la disminución de la pobreza, se desarrolló la tecnología, la ciencia y el comercio. Además de que empezó a subir el promedio de vida de los seres humanos, su población se empezó a incrementar de forma exponencial. En dos siglos se paso de mil a casi ocho mil millones.

El ser humano se extendió, gradualmente, por toda la Ecosfera terrestre. Aró y labró cada vez más la tierra, deforestó bosques, puso minas, usó cada vez más agua, inventó y desarrolló de forma exponencial los agroquímicos para la producción de alimentos, aumentó su capacidad de extracción de los recursos marinos, principalmente la pesca cada vez más creciente. Las ciudades crecieron al rápido ritmo del crecimiento de la población.

Todo esto, dentro de un marco de efecto imperceptible, gradual, aparentemente lento, pero absolutamente acumulativo. Cada efecto negativo sumándose a los anteriores. Ello, en medio de unas premisas culturales absolutamente equivocadas, como que los recursos de la naturaleza eran inagotables y prácticamente infinitos. Muy pocos seres humanos pudieron percibir que eso no era correcto. Pocos fueron los que dieron la alerta y menos fueron escuchados.

La misma economía se desarrolló sobre esas premisas de recursos inagotables y con su crecimiento, aumentó la presión hacia la Ecosfera terrestre. Se convirtió en una acción depredadora, dado que no se adaptó a planificar estratégicamente el uso de los recursos de una forma sustentable. Hasta hace pocos años es que se ha empezado a tratar de buscar un cambio, pero es muy lento y todavía prevalece la idea de que los recursos de nuestro planeta pueden sostener el crecimiento humano sin considerar sus limitaciones.

Deterioro creciente: durante los últimos cuarenta años la velocidad del deterioro de la Ecosfera terrestre se ha acelerado. Es una característica natural y lógica del efecto acumulativo, pues conforme se incremente el número de agentes de impacto, la suma de sus acciones se incrementa y, por tanto, los resultados de la misma se aceleran.

En artículos previos hemos señalado todas las consecuencias que ha producido el crecimiento exponencial de la población humana y de su economía durante el Antropoceno y, particularmente, durante las últimas cuatro décadas (ver: www.allan-astorga.com). Los indicadores de salud de la Ecosfera terrestre ya se encuentran en la zona de riesgo y siguen avanzando hacia las zonas de peligro.

Un importante grupo de científicos que apoyan a la ONU han señalado que en lo referente al tema del Cambio Climático nos encontramos cerca del punto de inflexión (o no de no retorno) y que no se encuentra en el 2050, sino mucho más cerca, alrededor del 2030. Algo que acaba de ser confirmado por los estudios de la NASA.

Con los otros límites planetarios la situación es bastante similar. Estamos inmersos dentro de la más grande extinción masiva de especies. Cada vez hay menos insectos y aves. Todos lo notamos, aunque no lo vemos con la perspectiva que realmente tiene. La biodiversidad disminuye rápidamente. Nuestros bosques tropicales y boreales y los suelos se están degradando rápidamente. Los océanos están agotados y sobreexplotados. El agua es cada vez más escaza y pronto se convertirá en una fuente de conflicto entre las poblaciones humanas.

El efecto acumulativo de las actividades humanas es claro y nos ha llevado a una enorme crisis de la Ecosfera terrestre y a estar muy cerca de los límites de la resiliencia de la naturaleza. Crisis que, por un efecto exponencial, no logramos notar lo suficiente para que tomemos conciencia de su gravedad.

Por un asunto inercial, de más de dos siglos, seguimos creyendo que lo que está pasando no es tan grave. El aire se respira bien, el agua está limpia, los alimentos están disponibles y el cielo y las montañas están azules. Estamos convencidos de que eso siempre ha sido así y que así seguirá por siempre. Más, sin embargo, no es así, conforme nos acerquemos a las zonas de peligro de los límites planetarios, las cosas van a cambiar y el proceso de deterioro seguirá la tendencia del efecto exponencial. Algo que está muy cerca (pocos años de distancia) y que una vez que se alcance, tendría consecuencias muy negativas.

Progreso humano: como hemos señalado en nuestros escritos previos, todavía hay una oportunidad de cambio. Todavía hay una cada vez más estrecha ventana de posibilidad de tomar acciones concretas para ralentizar los efectos y revertir la situación. Hemos planteado ya las soluciones.

Hemos señalado que el cambio que se requiere también tiene la enorme importancia de no solo revertir el deterioro, sino también, darle sustentabilidad a la existencia humana y de su progreso. Todo esto es posible si corregimos el error que se cometió y se sigue cometiendo desde el inicio de la era industrial: no considerar el ordenamiento ambiental ni la planificación territorial estratégica del uso de la Ecosfera terrestre. La descarbonización, el reciclado, el ahorro de recursos, son importantes, pero no suficientes.

Estamos a tiempo de implementar acciones correctivas, locales, pero ubicuas y de alcance global. Estamos en la obligación de hacerlo, no solo por nosotros y nuestros hijos, niños y jóvenes, sino, también, por las generaciones futuras.