Costa Rica necesita dejar de improvisar: una Ley de Planificación Estratégica para pensar el país a 30 años

A PROPOSITO DE LAS PROXIMAS ELECCIONES DE FEBRERO DEL 2026

En Costa Rica hemos aprendido a felicitarnos —con razón— por algunos hitos históricos: la abolición del ejército, la construcción de una institucionalidad social robusta y la inversión sostenida en educación. Sin embargo, hay un vacío que se vuelve cada día más evidente: el país prácticamente no planifica su desarrollo en serio más allá del corto plazo electoral.

Cada cuatro años, al calor de la campaña, los partidos elaboran programas de gobierno llenos de promesas sectoriales: para la agricultura, la pesca, el transporte, la educación, la energía, la seguridad, el ambiente. Muchas de esas propuestas nacen sin diagnósticos técnicos sólidos, sin evaluar sus impactos acumulativos, y sin preguntarse cómo encajan en una visión de país a 10, 20 o 30 años. Quien gana convierte esas promesas en Plan Nacional de Desarrollo; lo demás se archiva. Y lo avanzado por el gobierno anterior suele quedar truncado o desmantelado. Así, Costa Rica vuelve a empezar una y otra vez desde cero.

Este modelo nos ha llevado a un país políticamente estable, pero estratégicamente estancado: sin políticas de Estado sostenidas para infraestructura, ordenamiento territorial, transición energética, innovación o competitividad. El resultado es conocido: proyectos que nunca terminan, estudios que caducan antes de ejecutarse y una ciudadanía que percibe improvisación continua, así como el grosero argumento: “no es la mismo verla venir, que bailar con ella”.

Frente a esta realidad se plantea ahora una propuesta concreta: la Ley de Planificación Estratégica para el Desarrollo Sustentable de Costa Rica, que introduce de forma obligatoria la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) en las grandes decisiones de política, planificación y programación del Estado.

Qué es la Evaluación Ambiental Estratégica y por qué importa

La Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) no es un adorno ni un trámite más. Es un proceso técnico y participativo que se aplica antes de tomar decisiones clave sobre políticas, planes y programas. A diferencia de la evaluación de impacto ambiental tradicional —centrada en proyectos específicos— la EAE opera en el nivel donde se define el rumbo del país: la política energética, el plan nacional de transporte y logística, la planificación portuaria y aeroportuaria, la gestión integral del agua, la estrategia de conservación y restauración de ecosistemas, la política de vivienda y renovación urbana, entre otras.

La EAE permite:

  • Anticipar impactos ambientales, sociales y territoriales a mediano y largo plazo.

  • Comparar alternativas, incluyendo la opción de “no hacer”.

  • Incorporar tempranamente criterios de riesgo, cambio climático, ordenamiento territorial y equidad social.

  • Construir consensos informados entre sectores productivos, comunidades, academia y Estado.

No se trata de frenar el desarrollo, sino de hacerlo más inteligente, eficiente y estable.

Lo que ya han hecho otros países

La experiencia internacional es clara: los países que han integrado la EAE en su sistema de planificación han ganado coherencia, estabilidad y capacidad de anticipación.

Japón aplica la EAE en políticas de infraestructura, transporte, energía y urbanismo, trabajando con escenarios climáticos y modelaciones de largo plazo.

Suiza, con su tradición de democracia directa, utiliza procesos participativos profundos para garantizar coherencia y sostenibilidad en sus planes territoriales y de transporte.

Finlandia la integra en energía, transporte, ordenamiento territorial y economía circular, asegurando continuidad de políticas por décadas.

Países Bajos la emplean para gestionar un territorio vulnerable al agua, articulando urbanismo, biodiversidad, hidrología y movilidad.

China la utiliza desde 2003 para orientar grandes planes nacionales y regionales, evitando inversiones inviables y anticipando conflictos socioambientales.

El mensaje es contundente: la EAE no retrasa el desarrollo; lo fortalece, lo vuelve predecible y lo vuelve más eficiente.

El problema estructural de Costa Rica: un país sin horizonte

Costa Rica cuenta desde 1974 con una Ley de Planificación Nacional. Sin embargo, en la práctica, el sistema funciona subordinado a los ciclos políticos de cuatro años y a la lógica electoral. El Plan Nacional de Desarrollo refleja las promesas de campaña del partido ganador, no una política de Estado construida sobre diagnósticos sólidos, consensos y continuidad.

Esto genera al menos cuatro problemas graves:

  • Interrupción constante de procesos: proyectos estratégicos se fragmentan, se reinician o se abandonan.

  • Debilidad para atraer inversión de largo plazo: sin continuidad, el riesgo-país aumenta.

  • Desconfianza ciudadana: la improvisación se percibe como norma.

  • Incapacidad para enfrentar desafíos estructurales: energía, agua, ordenamiento territorial, innovación y cambio climático requieren décadas, no cuatro años.

Mientras países como Suiza, Finlandia o los Países Bajos sostienen proyectos estratégicos por generaciones, Costa Rica sigue atrapada en el cortoplacismo electoral.

Qué propone la Ley de Planificación Estratégica

El proyecto no crea burocracia innecesaria. Fortalece la institucionalidad ya existente —principalmente MIDEPLAN y SETENA (o la autoridad que la sustituya en un nuevo modelo que se propone para fortalecer la EIA con participación de los gobiernos locales)— y define con claridad qué decisiones son estratégicas, quién las debe evaluar y cómo se garantiza un proceso participativo real.

Los elementos centrales incluyen:

  • Objeto de la ley: modernizar la planificación nacional mediante la incorporación obligatoria de la EAE en decisiones estratégicas, bajo principios de desarrollo sustentable, transparencia y participación.

  • Ámbito de aplicación: políticas, planes y programas con impacto territorial significativo, largo plazo, alto costo público o potencial de conflicto socioambiental.

  • Procedimiento de EAE: aviso de inicio, diagnóstico, escenarios, alternativas, comité participativo, Informe de Sostenibilidad, visto bueno procedimental de MIDEPLAN y SETENA.

  • Comité Participativo de EAE: espacio de diálogo informado entre sectores productivos, sociedad civil, academia, pueblos indígenas, juventudes, organizaciones ambientales y empresariales, principalmente.

  • Facilitación independiente: para asegurar lenguaje claro, igualdad de voz y sistematización rigurosa.

  • Transparencia total: todos los documentos, modelos, mapas y actas deben ser públicos y digitales.

  • Vinculación con la EIA: las EAE orientan las evaluaciones de impacto de proyectos, evitando duplicidad y agilizando lo que ya fue resuelto estratégicamente.

  • Reformas legales: se fortalece MIDEPLAN, se integra formalmente la planificación estratégica y se actualiza la Ley Orgánica del Ambiente con un capítulo nuevo sobre EAE.

En resumen: ningún rumbo estratégico del país debería definirse sin análisis técnico, participación ciudadana y visión de largo plazo.

Costa Rica está lista para este cambio estratégico

Pocos países tienen el capital humano, institucionalidad civil, educación y estabilidad democrática que tiene Costa Rica. Sin embargo, esa fortaleza ha sido subutilizada porque la ciudadanía participa muy poco en decisiones estratégicas.

La Ley de Planificación Estratégica propone cambiar eso: que la planificación sea un proceso nacional, no un ejercicio de élites ni un botín electoral. Los gobiernos locales se convierten en actores fundamentales; la ciudadanía organizada, en protagonista.

El proceso de participación activo de los ciudadanos, como parte de la EAE, incrementa la democracia y garantiza que las decisiones estratégicas que se tomen serán transparentes, informadas y participativas. Muy diferente a la forma en que se toman hoy, por parte de las autoridades políticas, encerradas en una oficina, donde la opacidad predomina.

Hacia un Gobierno de Transición: el liderazgo que Costa Rica necesita

Las próximas elecciones no deberían ser simplemente una disputa más entre partidos ni un ejercicio de comparar currículos o eslóganes de campaña. La coyuntura nacional e internacional exige algo mucho más profundo: elegir un presidente o una presidenta que se comprometa explícitamente a ser el liderazgo de la transición, alguien capaz de guiar al país hacia una nueva forma de gobernar, pensar y decidir colectivamente.

Durante décadas, Costa Rica ha funcionado bajo un esquema donde la ciudadanía vota cada cuatro años y luego regresa a su papel pasivo, mientras las decisiones estratégicas se toman en círculos reducidos, muchas veces atrapados en la lógica partidaria o en luchas de poder que paralizan al país. Este modelo ya agotó su utilidad. El país está estancado porque las decisiones de largo plazo no trascienden gobiernos; se improvisan, se fragmentan o se abandonan según el humor político del momento. Y aclaramos, en los municipios, a menor escala, también sucede lo mismo.

Tal como se expuso en el artículo del Espejo de Suiza (1), resulta incomprensible que Costa Rica, con un territorio más rico, biodiverso y lleno de potencial, sea cinco veces más pobre que Suiza. La diferencia no está en la naturaleza: está en la planificación estratégica sostenida, en la continuidad, en la visión país que ellos sí desarrollaron y nosotros seguimos postergando.

Si de verdad aspiramos a despertar nuestro potencial, necesitamos que la próxima elección sea vista como un punto de inflexión histórico. No elegimos un administrador, elegimos a la persona que debe liderar la transición hacia un Estado estratégico, planificado, participativo y capaz de enfrentar la crisis climática, económica y social del siglo XXI.

Ese liderazgo de transición debe comprometerse a impulsar sin titubeos la aprobación de la Ley de Planificación Estratégica, implementar la Evaluación Ambiental Estratégica como eje articulador, fortalecer el ordenamiento territorial y la planificación de largo plazo, y devolverle al pueblo su rol como actor activo, deliberante y corresponsable del rumbo nacional.

Un llamado a elevar el debate nacional

Costa Rica enfrenta desafíos que ya no permiten frivolidades políticas ni campañas vacías. El mundo atraviesa una crisis ambiental global sin precedentes; los fenómenos extremos, la presión sobre los recursos y la inestabilidad internacional exigen visión y liderazgo.

Por eso, el debate electoral debería girar en torno a una pregunta fundamental:

¿Quién está dispuesto a ser el presidente o la presidenta de la transición?

¿Quién se compromete a cambiar el modelo improvisado por uno estratégico, participativo y orientado al futuro?

Este debería ser el eje central de la discusión pública, no los ataques personales ni los temas secundarios que distraen a la ciudadanía del verdadero reto nacional.

  • https://www.allan-astorga.com/allan-astorga/2025/11/12/costa-rica-frente-al-espejo-de-suiza-la-planificacin-que-marca-la-diferencia 

Sobre la imagen inserta:  Se trata del túnel para la Línea 3 del Metro de Panamá (https://www.facebook.com/watch/?v=2808171149514764), que pasa bajo el canal. Se  ilustra lo que significa tomar decisiones estratégicas a tiempo. Mientras Panamá evaluó, decidió y construyó un sistema de transporte moderno que hoy mueve decenas de miles de personas cada día y dinamiza su economía, Costa Rica dejó pasar 15 años sin avanzar en su propio Tren Eléctrico Metropolitano (TREM), pese a que desde 2010 ya contaba con viabilidad ambiental y una propuesta de implementación madura. Lo que pudo ser el inicio de una red ferroviaria moderna quedó entrampado en replanteamientos sucesivos, discusiones políticas y ausencia de una visión de Estado. Este contraste muestra, de manera contundente, cómo la falta de planificación estratégica frena el desarrollo, posterga soluciones urgentes y mantiene a los países  estancados en debates interminables en lugar de ejecutar proyectos transformadores que ya estaban listos para arrancar y que los políticos, con sus “argumentos” frenaron.

Costa Rica necesita un Código Integral de Estabilidad de Laderas y Taludes (CINELAT): un asunto de seguridad pública y responsabilidad profesional

Importancia crítica de un Código de Estabilidad de Laderas y Taludes para Costa Rica

Costa Rica es uno de los países con mayor complejidad geológica y geomorfológica del planeta. Está ubicado en el límite de convergencia entre las placas Cocos y Caribe, sometido a actividad tectónica constante, vulcanismo activo, procesos rápidos de erosión y meteorización en zonas tropicales, sistemas de fallas geológicas importantes y niveles extremos de precipitación asociados al cambio climático. A ello se suma una topografía dominada por pendientes abruptas y laderas inestables, junto con una expansión urbana acelerada y frecuentemente sin seguir una planificación rigurosa del uso del territorio.

Estas condiciones explican la alta recurrencia histórica de deslizamientos de gran impacto, muchos de los cuales han provocado pérdidas humanas, destrucción de viviendas, interrupción de infraestructura crítica y costos económicos significativos.

Por esta razón, un Código Integral de Estabilidad de Laderas y Taludes (CINELAT) no es un material técnico complementario ni opcional, sino una herramienta esencial de seguridad pública y prevención del riesgo.

El objetivo fundamental de un código de esta naturaleza es establecer criterios metodológicos mínimos, con bases científicas y responsabilidades profesionales claras para:

  • Prevenir desastres asociados a deslizamientos.

  • Reducir la exposición humana y económica al riesgo.

  • Guiar la toma de decisiones basadas en evidencia científica.

  • Establecer responsabilidades jurídicas claras para quienes firman estudios.

  • Respaldar los criterios técnicos de municipalidades, instituciones y desarrolladores.

Para que sea efectivo, un CINELAT debe ser necesariamente geológico–geotécnico, porque la geotecnia utiliza parámetros físicos derivados del terreno para cálculos ingenieriles, pero la interpretación correcta de esos parámetros depende totalmente del conocimiento geológico del sitio y de su comportamiento en el tiempo.

Sin comprender la estructura geológica, las discontinuidades, los planos de debilidad, el grado de meteorización, el comportamiento hidrogeológico, el historial geomorfológico y la dinámica de laderas, el análisis geotécnico pierde fundamento.

Por eso, puede afirmarse con total claridad que, sin un adecuado modelo geológico conceptual, cualquier análisis geotécnico es incompleto y puede conducir a decisiones peligrosas.

¿Qué son las laderas y los taludes, y por qué requieren estudios técnicos rigurosos?

Una ladera es una superficie inclinada del terreno, natural o intervenida por actividades humanas. En un país tropical y geológicamente activo como Costa Rica, las laderas presentan condiciones que las vuelven susceptibles a inestabilidad y deslizamientos, debido a la combinación de factores geológicos, climáticos y tectónicos. 

Gran parte de nuestros materiales geológicos se encuentran fracturados, altamente meteorizados, con contenidos significativos de arcillas expansivas, y con espesas capas de alteración, lo que disminuye su resistencia mecánica. A esto se suma un entorno con altas precipitaciones, muchas veces extremas, y una actividad sísmica constante, que incrementa las posibilidades de falla del terreno, a veces desde niveles profundos, donde los sondeos geotécnicos normales no llegan.

Estas condiciones hacen que las laderas sean espacios donde los deslizamientos pueden ocurrir de manera súbita, ya sea activados por lluvias intensas o prolongadas, o por la acción de movimientos sísmicos o, peor todavía, por la combinación de ambos factores disparadores. Por esta razón, la construcción en zonas de ladera exige un nivel de análisis técnico mayor que en zonas planas y estables.

Por su parte, los taludes son superficies inclinadas creadas por intervención humana. Pueden ser:

  • Taludes de corte, cuando se remueve material para ganar espacio o crear terrazas.

  • Taludes de relleno, cuando se deposita material para formar plataformas artificiales.

En muchos desarrollos inmobiliarios se combinan ambos tipos: se construyen terrazas en laderas, sobre las que luego se edifican viviendas, edificios u obras de infraestructura, generando al mismo tiempo cortes y rellenos laterales. Si estas intervenciones no se diseñan y ejecutan bajo criterios técnicos estrictos, pueden generar condiciones de falla progresiva, colapso o movimientos diferidos, poniendo en riesgo vidas humanas y bienes materiales.

Para garantizar la seguridad de estas obras es indispensable realizar estudios geológicos y geotécnicos rigurosos, complementados —cuando corresponda— con hidrogeología, geofísica, análisis tectónico-estructural y modelos de estabilidad. Solo así es posible determinar si un sitio es apto y estable para la construcción, especialmente cuando se trata de edificaciones pesadas o verticales destinadas a uso habitacional.

En este contexto, la creación del Código Integral de Estabilidad de Laderas y Taludes —CINELAT— debe establecer de manera obligatoria los procedimientos técnicos, metodológicos y profesionales necesarios para evaluar la estabilidad de laderas y taludes en Costa Rica. El código pretende asegurar estudios responsables, basados en ciencia y ejecutados por especialistas con formación y experiencia comprobada, de modo que se reduzca la vulnerabilidad y se proteja la vida humana y la infraestructura.

Experiencia internacional que demuestra la necesidad de la participación obligatoria del geólogo

Los países que enfrentan amenazas importantes por deslizamientos han desarrollado normativas técnicas en las que la geología no es accesoria sino parte estructural del proceso.

En Estados Unidos, específicamente en California, existen normas como la Seismic Hazard Mapping Act (1972) y la Alquist-Priolo Earthquake Fault Zoning Act (1972), que exigen la participación obligatoria de geólogos especializados en estudios de riesgo previo a la aprobación de permisos. El California Geological Survey (CGS) y el United States Geological Survey (USGS) establecen como requisito legal la elaboración de mapas de amenaza, la identificación de fallas activas, la caracterización completa del terreno y la participación interdisciplinaria antes de cualquier diseño geotécnico o estructural. Una obra que no integre geología en su modelo conceptual no puede ser aprobada.

En Japón, cuya exposición simultánea a sismos, volcanismo, lluvias intensas y tsunamis convierte el riesgo de deslizamientos en una prioridad nacional, las instituciones como el National Research Institute for Earth Science and Disaster Resilience (NIED) y la Japan Landslide Society han desarrollado normativas basadas en el principio de tolerancia cero al riesgo. En Japón es obligatorio el trabajo conjunto de geólogos, geotecnistas, geomorfólogos, hidrólogos y especialistas en riesgo. Ningún diseño se acepta sin un modelo geológico riguroso que explique la evolución del terreno y sus condiciones actuales.

En Europa, incluyendo España, los Eurocódigos 7 y 8 establecen estándares exigentes para diseño geotécnico y sísmico. Estos códigos requieren explícitamente la integración obligatoria de estudios geológicos y geotécnicos diferenciados, con responsabilidades profesionales claramente definidas. La filosofía europea se basa en la prevención y la responsabilidad jurídica plena del profesional que firma.

Estas experiencias convergen en un principio común incuestionable:

Ningún código serio de estabilidad de laderas y taludes se desarrolla, se aplica, ni se valida sin participación obligatoria de geólogos.

La seguridad estructural empieza con un modelo conceptual del terreno científicamente fundamentado.

El Código Geotécnico de Taludes y Laderas de Costa Rica (2015): aportes, limitaciones y necesidad de revisión técnica y normativa

El Código Geotécnico de Taludes y Laderas aprobado en el año 2015 por el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos de Costa Rica (CFIA) constituyó en su momento un avance importante, al establecer un marco de referencia para la evaluación de estabilidad de taludes y laderas en un país con alta sismicidad, precipitaciones extremas y compleja geodinámica. Su existencia representa un esfuerzo institucional necesario y valioso.

Sin embargo, tras diez años de aplicación, y a la luz de la experiencia acumulada en el territorio nacional, desde una perspectiva estrictamente técnica se identifican vacíos y limitaciones que justifican y urgen una revisión integral del Código. El aspecto más relevante es el tratamiento del rol de la geología y del geólogo en la construcción del modelo conceptual del terreno, elemento esencial para que cualquier análisis geotécnico sea confiable y seguro.

Tal como está estructurado actualmente, el Código puede permitir interpretaciones que conduzcan a escenarios donde:

  • La participación del geólogo no sea obligatoria ni sistemática en el proceso de evaluación de estabilidad de taludes.

  • El análisis geotécnico se realice a partir de información incompleta, insuficiente o inadecuadamente caracterizada desde el punto de vista geológico, geomorfológico o hidrogeológico.

  • El aporte técnico del geólogo no tenga efecto vinculante sobre las decisiones de diseño, construcción o aprobación.

Como hemos indicado, en países con condiciones similares a Costa Rica –como Japón, Suiza, Estados Unidos o Colombia– la legislación en materia de estabilidad de laderas exige la participación obligatoria de geólogos en etapas iniciales de diagnóstico y modelación conceptual, reconociendo que la estabilidad de taludes depende tanto de los parámetros mecánicos del suelo como de la estructura geológica, la meteorización, las discontinuidades y el comportamiento hidrogeológico. La práctica internacional respalda, por tanto, el planteamiento de fortalecer la normativa costarricense en esta línea.

Desde el punto de vista jurídico, la necesidad de actualización del Código encuentra fundamento en los principios rectores de la legislación costarricense: el principio precautorio, el principio de prevención, la protección de la vida humana, la seguridad pública, la tutela del ambiente y el patrimonio natural, establecidos en la Ley Orgánica del Ambiente, la Ley de Planificación Urbana, la Ley Nacional de Emergencias y la normativa sobre gestión del riesgo de desastres (por ejemplo el Marco Sendai de la ONU); así como la misma Constitución Política de nuestro país. Un instrumento técnico que regula la estabilidad de taludes debe garantizar que su aplicación sea compatible con dichos principios y con el deber profesional de diligencia.

Sobre las obras desarrolladas bajo el Código vigente

Hay proyectos de infraestructura y desarrollos inmobiliarios han sido evaluados haciendo referencia al Código de 2015. Se aclara que, en este documento no se afirma ni se sugiere que las obras construidas bajo dicho marco normativo sean inseguras o incumplan estándares. Cualquier afirmación de esa naturaleza requeriría estudios específicos, con datos concretos y responsabilidades claramente definidas.

Lo que se plantea es que, en un país con la dinámica natural y el incremento reciente de eventos extremos ligados al cambio climático, resulta técnica y jurídicamente prudente promover:

  • Auditorías técnicas (geológico – geotécnicas) periódicas de taludes y laderas en obras ubicadas en zonas de amenaza alta o muy alta por deslizamientos.

  • Evaluaciones de desempeño geotécnico y geológico post-construcción, especialmente en rellenos fuertes, taludes artificiales o zonas de antecedentes de inestabilidad, incluyendo la presencia de fallas geológicas activas y laderas de alta pendiente.

  • Procesos de retroalimentación institucional que permitan mejorar el propio Código, ajustándolo a la evidencia empírica y a la evolución científica y regulatoria internacional.

Este planteamiento se enmarca en el deber profesional y ético de velar por la seguridad humana, la protección ambiental y el cumplimiento del marco jurídico vigente. Lejos de buscar responsables, se orienta a fortalecer un instrumento normativo que, con los ajustes adecuados, puede convertirse en una herramienta más robusta para la gestión del riesgo y la planificación segura del territorio.

El llamado no es a cuestionar la existencia del Código vigente, sino a reconocer sus aportes, identificar sus limitaciones y promover su actualización técnica y normativa. Esa revisión permitiría avanzar hacia un Código Integral de Estabilidad de Laderas y Taludes, alineado con principios legales, mejores prácticas internacionales y las necesidades reales del territorio costarricense.

El papel insustituible de la geología y el marco legal que la respalda

La minimización del rol del geólogo dentro del código vigente contradice la Ley Orgánica del Colegio de Geólogos de Costa Rica, su Reglamento y su Código de Ética, los cuales establecen que:

  • La geotecnia y la gestión del riesgo son funciones formales del geólogo (Artículo 13 del Reglamento del Colegio de Geólogos).

  • El geólogo tiene la obligación ética y legal de proteger la vida humana, los bienes materiales y el ambiente.

  • La responsabilidad profesional es indelegable: quien firma responde ante la ley por las consecuencias de su firma.

Además, debe aclararse que:

Los estudios geotécnicos NO sustituyen los estudios de ordenamiento ambiental y territorial. Son complementarios y cumplen funciones distintas:

  • Los estudios de ordenamiento territorial definen dónde es viable construir.

  • Los estudios geológico–geotécnicos definen cómo construir con seguridad en un sitio específico.

Confundir estos roles ha producido decisiones técnicas riesgosas en Costa Rica y es causa directa de obras ubicadas en áreas de amenaza alta, con consecuencias potencialmente graves.

Llamado urgente a una reforma institucional responsable

Con base en la evidencia científica, la práctica internacional y la legislación nacional vigente, es indispensable la conformación inmediata de un Comité Técnico Intercolegial entre el Colegio de Geólogos de Costa Rica y el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos, particularmente la ACG con el objetivo de:

  • Reelaborar completamente el Código Geológico–Geotécnico de Estabilidad de Taludes.

  • Establecer la participación obligatoria del geólogo y del geotecnista como equipo profesional integrado.

  • Incorporar criterios geodinámicos, geomorfológicos e hidrogeológicos con enfoque multiamenaza.

  • Basar la normativa en estándares internacionales como los utilizados en California, Japón y la Unión Europea.

  • Evaluar el estado de construcciones realizadas bajo el código actual sin participación geológica adecuada y determinar si cumplen condiciones reales de resiliencia y seguridad.

Mientras se desarrolla un nuevo código, la medida mínima responsable es que la aplicación del código vigente solo sea considerada válida cuando exista participación real, documentada y técnicamente responsable de geólogos especialistas. Este aspecto debería ser verificado por la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA) como parte del proceso de evaluación de impacto ambiental, por la Municipalidad correspondiente de previo a otorgar el permiso de construcción y por el mismo CFIA al tramitar los permisos respecto a los diseños de las obras. Además, los entes financieros de los proyectos inmobiliarios deberían revisar rigurosamente estos requisitos de previo a la aprobación de un proyecto y, finalmente, las entidades aseguradoras deben verificar el estricto cumplimiento de ese requisito de previo a establecer un seguro contra desastres.

Permitir que continúe aplicándose un código incompleto sin participación obligatoria del geólogo es peligroso, técnica y legalmente.

Conclusión

Costa Rica no puede permitirse normas débiles en temas donde están en juego vidas humanas, infraestructura crítica y patrimonio económico. Tampoco puede permitirse que la normativa técnica sea inferior a los estándares científicos y éticos exigidos internacionalmente.

La ingeniería y la geología son disciplinas complementarias y hermanas. Cuando trabajan aisladas, fallan. Cuando trabajan juntas, previenen tragedias y aseguran un futuro seguro y resiliente.

Este no es un debate gremial ni un conflicto profesional. Este es un asunto de responsabilidad ética, científica y legal ante el país.

Hacer lo correcto exige reformar el Código Geotécnico de Estabilidad de Laderas y Taludes con rigor, con ciencia y con responsabilidad profesional. La vida humana no admite improvisaciones.

Referencias utilizadas

  • California Geological Survey (CGS), Seismic Hazard Mapping Act (1972)

  • Alquist-Priolo Earthquake Fault Zoning Act (1972)

  • United States Geological Survey (USGS), Landslide Hazard Program

  • Eurocode 7: Geotechnical Design (EN 1997)

  • Eurocode 8: Design of structures for earthquake resistance (EN 1998)

  • National Research Institute for Earth Science and Disaster Resilience (NIED), Japón

  • Japan Landslide Society

  • Código Geotécnico de Taludes y Laderas, CFIA (2015)

  • Ley Orgánica, Reglamento y Código de Ética del Colegio de Geólogos de Costa Rica.

Fuente de la imagen: Astorga et al. (2025): Atlas de mapas ambientales de la Gran Área Metropolitana de Costa Rica. Actualización de la variable ambiental del Plan GAM. Expediente EAE – 014- 2008 SETENA.

(*) El autor es Licenciado en Geología de la Universidad de Costa Rica. Catedrático de Sedimentología y Geología Ambiental de dicha universidad hasta 2019. Doctor en Ciencias Naturales de la Universidad de Stuttgart, Alemania. Especialista en Evaluación de Impacto Ambiental, Evaluación Ambiental Estratégica, Ordenamiento y Planificación Ambiental del Territorio, Hidrogeología Ambiental y Gestión Preventiva del Riesgo ante amenazas naturales (GeoRiesgos y efectos del Cambio Climático) / a.astorga.g@gmail.com.

Costa Rica frente al espejo de Suiza: la planificación que marca la diferencia

“Porque el futuro de Costa Rica depende de elegir a quienes planifican con visión y compromiso”

Introducción

Costa Rica y Suiza son dos países que, aunque ubicados en contextos geográficos y culturales muy distintos, presentan características que justifican una comparación profunda. Ambos son territorios pequeños, sin ejército (en el caso de Costa Rica) o con una milicia limitada (como Suiza), con democracias consolidadas, una alta valoración de la educación y una identidad nacional fuerte. 

Sin embargo, los resultados en términos de desarrollo, planificación y bienestar social difieren notablemente. Analizar estos contrastes permite comprender cómo la planificación estratégica, la gobernanza participativa y el uso racional del territorio pueden marcar la diferencia en el camino hacia un modelo de desarrollo verdaderamente sustentable y equitativo.

Similitudes

Ambos países poseen una extensión territorial pequeña —Costa Rica con 51.100 km², y Suiza con 41.285 km²— y poblaciones relativamente reducidas. En la imagen que acompaña este artículo hemos procurado mantener la misma escala para mostrar visualmente la proporción entre ambos territorios. Comparten estabilidad política, una sólida institucionalidad democrática, y el haber renunciado a la existencia de un ejército convencional, orientando sus recursos hacia la educación, la salud y la investigación. Además, ambos se destacan por su compromiso ambiental, aunque en contextos geográficos y socioeconómicos muy distintos.

Diferencias

Las diferencias más relevantes surgen en el modo en que cada país gestiona su territorio, estructura su economía y promueve la participación ciudadana en la toma de decisiones. Suiza, a pesar de no contar con grandes recursos naturales, ha desarrollado una economía altamente sofisticada, basada en la industria de precisión, la banca, la innovación tecnológica y un turismo de alto nivel. Su PIB per cápita supera los 103.669 USD, mientras que el de Costa Rica ronda los 18.587 USD (datos de 2024).

El sistema de gobierno suizo se caracteriza por una gobernanza profundamente participativa. A través de mecanismos como la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE, instrumento que permite evaluar el impacto ambiental y social de políticas y planes antes de su implementación), los distintos sectores sociales discuten y consensuan las estrategias nacionales de desarrollo antes de su aprobación. Esto garantiza que las decisiones estratégicas sean el resultado de procesos deliberativos amplios, equilibrados y sostenibles. En contraste, Costa Rica carece de un sistema estructurado de EAE, lo que limita la integración de criterios ambientales y sociales en la planificación estratégica y territorial.

Comparación general

ASPECTO COSTA RICA SUIZA
Extensión territorial 51.100 km² 41.285 km²
Población (2025) 5,13 millones de personas 9,03 millones de personas
PIB per cápita (2024) ≈ 18 587 USD ≈ 103 669 USD
Ejército No tiene Milicia (neutralidad histórica)
Educación Gratuita y de cobertura nacional Altamente competitiva, técnica y descentralizada
Acceso a la salud Sistema público universal con limitaciones en tiempos de atención Cobertura total combinando sistema público y privado de alta calidad
Turismo (visitantes anuales) ≈ 2,6 millones de turistas (2024) ≈ 21,5 millones de turistas (2024)
Principales productos Café, banano, piña, servicios turísticos y tecnológicos Maquinaria de precisión, farmacéutica, oro, relojería, chocolates y turismo alpino
Planificación territorial Fragmentada, con débil integración entre niveles institucionales Altamente estructurada, basada en equilibrio regional y sostenibilidad
Planificación estratégica Escasa articulación entre desarrollo económico y ordenamiento territorial Integrada mediante mecanismos de consenso y evaluación ambiental estratégica
Modelo económico Basado en servicios, agricultura tropical y turismo Basado en industria, banca, innovación y turismo de alto valor
Gobernanza Participación limitada en procesos decisorios estratégicos Democracia directa y mecanismos participativos consolidados

Ventajas comparativas de Costa Rica

A diferencia de Suiza, Costa Rica posee una ubicación tropical privilegiada con una de las mayores biodiversidades del planeta y una enorme capacidad de regeneración ecológica. Ello le otorga ventajas comparativas y competitivas en materia de turismo, producción alimentaria sostenible y mitigación del cambio climático.

El país posee el potencial para consolidarse como un destino clave de turismo ecológico y de acogida para migrantes climáticos, ofreciendo experiencias basadas en la naturaleza, la cultura y la educación ambiental. Además, sus extensas áreas marinas pueden aprovecharse de forma sostenible para la producción alimentaria basada en la biodiversidad oceánica, contribuyendo a la seguridad alimentaria global.

En el ámbito terrestre, Costa Rica puede liderar la producción agrícola y ganadera regenerativa, con sistemas que no solo reducen emisiones, sino que capturan carbono, generando alimentos carbono-positivos y de alta calidad. Esto abriría nuevas oportunidades económicas, alineadas con los objetivos estratégicos que establece el SISTEMA SALVETERRA y con un modelo de desarrollo sustentable y justo.

En el ámbito marino, Costa Rica tiene un territorio de 572.000 km² de mares tropicales con alta productividad oceánica, con alto potencial para la producción sostenible de productos marinos y la acuacultura marina de gran escala.

Para reflexionar

Cuando nos preguntamos por qué existe una diferencia tan grande entre el desarrollo de ambos países, si, como hemos visto, Costa Rica tiene un mayor potencial en recursos naturales y territorio (especialmente marino) que Suiza, la respuesta se encuentra en varios factores.

En primer lugar, destaca el tema del ordenamiento y la planificación territorial y estratégica. En Costa Rica, la planificación aún es incipiente, mientras que Suiza sustenta su desarrollo precisamente en ello. En Costa Rica seguimos haciendo “desarrollo urbano” con una ley de hace 60 años y no hacemos verdadero ordenamiento territorial.

En segundo lugar, se encuentra la gobernanza. En Suiza, la población, desde la escala local hasta la nacional, se involucra y participa activamente en la toma de decisiones estratégicas. Esto es fundamental, ya que en Suiza el rumbo del país lo define directamente el pueblo, no los políticos. En Costa Rica ocurre lo contrario: los políticos definen el rumbo en ciclos políticos de muy corto plazo —cuatro años—, sin un sólido fundamento de planificación estratégica y con la ciudadanía como espectadora pasiva, y muchas veces víctima, de las malas decisiones que pueden tomarse.

La corrupción también puede considerarse una de las causas estructurales del atraso de Costa Rica respecto a Suiza. Sin embargo, este factor puede resolverse avanzando hacia un sistema de gobernanza más participativo, para lo cual Costa Rica posee una gran ventaja respecto a otros países de América Latina: su nivel de educación y salud.

Como podemos ver, Costa Rica tiene el potencial y la capacidad de avanzar hacia un modelo de desarrollo verdaderamente sustentable, como el de Suiza. Para ello debe realizar algunos ajustes estratégicos que son posibles de ejecutar: el fortalecimiento del Ordenamiento Ambiental del Territorio, la planificación territorial y estratégica de mediano y largo plazo, y la implementación efectiva de la Evaluación Ambiental Estratégica de políticas, planes y programas en todas las escalas, desde la local a la nacional. Además, se requiere una gestión más intensa de los mares de Costa Rica, no como fuente de pago de licencias de pesca para flotas extranjeras, sino como base del desarrollo marino nacional. Tres pasos clave, pero fundamentales.

Cabe aclarar que estas acciones son perfectamente posibles de realizar y ejecutar. Solo se requiere de la correcta visión y la voluntad política correspondiente. No es necesario poner la esperanza del desarrollo del país, en la eventual explotación de los recursos mineros del país (oro, principalmente, como el de Crucitas) o de los especulativos recursos petroleros o de gas natural que ni si quiera se ha demostrado que existen. Debemos utilizar los recursos naturales que de verdad tenemos y que nos hacen una verdadera potencia.

Conclusiones

La experiencia suiza demuestra que el desarrollo sustentable no depende únicamente de los recursos naturales, sino de la disciplina institucional, la planificación integral y la participación ciudadana informada. Costa Rica posee los elementos esenciales para dar un salto cualitativo y estructural hacia un modelo de desarrollo estratégico y territorialmente equilibrado, si logra integrar la Evaluación Ambiental Estratégica y fortalecer la gobernanza participativa.

El SISTEMA SALVETERRA® (ver www.salveterra.info) ofrece una base metodológica para esa transformación: una planificación territorial detallada, una visión de largo plazo y la integración de la ciencia con la participación ciudadana, orientadas a garantizar el progreso humano sustentable y la restauración del equilibrio de la Ecosfera terrestre.

Con elecciones próximas para elegir a un nuevo presidente y a un nuevo congreso, se hace necesario reflexionar sobre las propuestas y sobre cuáles candidatos presentan una visión clara y proponen, con seriedad y compromiso, el modelo de desarrollo que debe seguir Costa Rica en las próximas décadas. La decisión final —y el futuro del país— están en el voto de cada costarricense.

Fuente de la imagen de Costa Rica: MINAE (2020): Día Internacional de los Océanos. Somos más grandes de lo que pensamos.

Fuente del mapa de Suiza: Alamy: “Switzerland map relief hi-res stock protography and images” 

(*) Licenciado en Geología, Doctor en Ciencias Naturales de la Universidad de Stuttgart, Alemania. Catedrático de Geología Sedimentaria y Ambiental. Especialista en Evaluación Ambiental, Ordenamiento Ambiental del Territorio, Planificación Territorial y Gestión preventiva del Riesgo. CEO del Sistema SALVETERRA®

El Cuaternario y el cambio climático: lecciones y tendencias Agosto 3, 2024 4:41 am

Los efectos del cambio climático son cada vez más notables. Las anomalías del tiempo y del clima se notan cada vez más, independientemente de los biozonas terrestres o marinas en que nos encontremos.  Cada año, en las latitudes altas, el verano es más caluroso y el invierno más frío, mientras que la primavera y el otoño son diferentes, pues se parecen más al verano o al invierno.

En el trópico las lluvias intensas se alternan con sequías que provocan cambios en los ecosistemas y adaptaciones rápidas de algunas especies cuya presencia o ausencia en ciertos biotopos alteran el equilibrio y afectan las mismas actividades humanas.

Todos notamos que se están suscitando cambios cada vez más rápidos y, en el fondo, una preocupación latente por el futuro nos empieza a generar angustia. En su mayoría, ante la impotencia de hacer algo, esa situación nos lleva a mirar hacia otro lado y tratar de pasar el rato, con la mente en otra cosa.

Ante esta situación, resulta relevante ver nuestra historia pasada usando el Principio del Actualismo en Geología en un sentido bidireccional, es decir, que la comprensión de los fenómenos del pasado, nos puede dar una luz sobre la situación actual y la tendencia hacia donde nos dirigimos.

Desde esta perspectiva, resulta relevante comprender lo que sucedió en el Cuaternario en materia de cambio climático, con particular énfasis en el Holoceno, el periodo geológico donde nuestra civilización humana surgió.

Cuaternario: representa la última división temporal del Cenozoico que es la última era que se inició hace 66,5 millones de años, cuando la vida en el planeta cambió a causa de la caída de un meteorito que provocó una gran extensión masiva de especies, incluyendo a los dinosaurios.

El Cuaternario se inició hace 2,58 millones de años y se extiende hasta la actualidad, incluyendo el inicio de la historia de la civilización humana. Es el periodo geológico más estudiado y mejor conocido. Durante este periodo surgió el Homo sapiens en el planeta.

Se divide en dos épocas: el Pleistoceno y el Holoceno. Este último empezó hace 11.700 años. Algunos han sugerido que un periodo nuevo, denominado como Antropoceno que comienza por allí del año 1.800 DC con el inicio de la actividad industrial y un rápido crecimiento de la población humana en el planeta, haciendo que su incidencia afectara de forma significativa toda la Ecosfera terrestre, en particular, durante los últimos 50 años.

La configuración de los continentes y los océanos varió relativamente poco durante el Cuaternario, respecto a la configuración actual. Sin embargo, las mayores variaciones se dieron con el ascenso y descenso del nivel del mar originados por los periodos glaciares e interglaciares.

Debido a estas variaciones del nivel del mar, desaparecían bajo la superficie del agua diversas plataformas continentales, como son el estrecho de Bering, la unión de las islas de Indonesia, Nueva Guinea, Japón y Taiwán, la unión de Australia con Nueva Zelanda y Tasmania, o la transformación, al bajar el nivel del mar, del Mar Negro y Mar Báltico en lagos de agua dulce.

En nuestro país, durante los periodos glaciares, el Golfo de Nicoya era una extensa llanura por la que discurría el río Tempisque. Los pocos cerros que se presentaban en esa llanura arbolada, por donde deambulaban mamuts, correspondían con lo que hoy son las islas del Golfo de Nicoya. La barra de Puntarenas no existía, ni tampoco el estero. El río Barranca atravesaba la llanura hasta desembocar en río Tempisque.

Las playas de Guanacaste y del Pacífico Central no se encontraban dónde están hoy, sino que en su lugar se presentaban llanuras costeras que se extendían hacia el mar, más allá del horizonte donde se encontraban otras playas arenosas diferentes a las actuales.

El Golfo Dulce también era una llanura costera donde se desarrollaba una exuberante selva tropical continuación de la zona boscosa de lo que hoy es el parque de Corcovado. En su parte central, en medio de la selva tropical se presentaba un lago profundo originado por la actividad tectónica de esa zona del sur del país.

Clima del Cuaternario: durante el Cuaternario el clima estuvo contralado por el desarrollo de periodos fríos con el desarrollo de glaciares y periodo calientes, llamados interglaciares o interglaciáricos.

Las investigaciones científicas realizadas con perforaciones profundas realizadas en el hielo de regiones muy frías, así como de microfósiles de los sedimentos marinos, indican que las temperaturas variaban entre 4 a 5°C por debajo de la actual en las aguas oceánicas superficiales (periodos glaciares), y otras 1 a 2 °C por encima de las temperaturas modernas (periodos interglaciares).

Durante los episodios más fríos existieron grandes capas de hielo de un espesor de al menos 4 km en EuropaAmérica del Norte y Siberia. Los intervalos más cortos y cálidos entre glaciaciones se llaman interglaciares.

En Costa Rica hay pruebas del desarrollo de capas de nieve y hielo en las cumbres de los volcanes (por ejemplo, el Irazú y el Turrialba) y de los principales picos de la Cordillera de Talamanca.

En general, el Cuaternario se ha registrado como un período de fluctuaciones en el nivel del hielo en las regiones polares, en ciclos más o menos estables que oscilaban los 100.000 años.  Según esta teoría, se estiman en alrededor de 80 glaciaciones de diverso tamaño a lo largo del Cuaternario, generando períodos glaciares o “eras del hielo” en las que el hielo se expandía, los mares descendían y el clima global se enfriaba. En los períodos interglaciares, el frío mermaba, el calor aumentaba y los hielos retrocedían, liberando agua a los océanos.

Sin embargo, se han identificado cuatro grandes periodos  glaciales con sus correspondientes interglaciares: Glaciación de Würm o WisconsinGlaciación de RissGlaciación de Mindel y Glaciación Günz.  Estos grandes periodos glaciales han labrado las diversas terrazas fluviales que observamos en muchos lugares de Costa Rica.

En todos los casos, las causas de esas fluctuaciones climáticas (glaciares e interglaciares) fueron naturales y se vinculan a las particularidades de la órbita del planeta Tierra, que tienen ciclos de cerca de 100.000 años y que se denominan como ciclos de Milankovic. También pueden jugar un papel catalizador de estos procesos otras causas naturales como la composición de la atmósfera que se puede alterar por actividad volcánica muy intensa, la tectónica de placas y las corrientes marinas.

Holoceno: este periodo geológico comenzó al terminar la última gran glaciación. Las grandes capas de hielo de la última glaciación han estado desapareciendo.  Todavía existen remanentes de esos glaciares, que ahora ocupan el 10% de la superficie terrestre, en Groenlandia, la Antártida y varias regiones montañosas.

Durante todo este periodo el clima fue estable en casi todo el planeta. Esto permitió el desarrollo de la civilización humana en diversos lugares: Asia (China y la India), Oriente Medio, Norte de África y Mesoamérica. Sobretodo por el hecho de que un clima establece permitió el desarrollo de la agricultura y la producción de alimentos para una humanidad que dejó de ser nómada, se asentó y empezó a construir ciudades, así como la religión, las artes y la cultura y, bueno, también la guerra y más tarde, las ciencias.

Hasta el año 1.800 DC y, particularmente, a partir del año 1.850 DC la causa natural del retroceso de los glaciares tuvo una causa adicional que fue el calentamiento del sistema climático por causas humanas.

Las curvas de variación de la temperatura, el contenido de dióxido de carbono y del polvo en la atmósfera del planeta se han incrementado anómalamente, en lo referente a la tasa de cambio, durante ese periodo. Así, el “efecto humano” ha servido como un catalizador, acelerando los procesos naturales de fluctuaciones climáticas de, al menos, el Cuaternario.

Este efecto catalizador en el incremento de la temperatura de la atmósfera tiene relación directa con el quemado de combustibles fósiles (carbón mineral, petróleo y gas natural) que ha hecho la humanidad, en particular durante los últimos 50 años. Pero también, se vinculan a eso los grandes y desordenados cambios en el uso del suelo de todo el planeta, eliminando bosques para cambiarlos por sitios de cultivo o de ganadería, zonas urbanas e industriales o sitios de explotación de recursos naturales.

Así, además de un calentamiento rápido de la atmósfera del planeta, la humanidad ha provocado pérdida de biodiversidad y de la biomasa de los biomas terrestres y marinos, así como contaminación y degradación del suelo y de las aguas superficiales y subterráneas. De esta manera, el Antropoceno se resume como el efecto acumulativo de todo este accionar en el que la humanidad se ha vuelto un agente activo de cambios negativos en el equilibrio de la Ecosfera terrestre.

Tendencias: la revisión de lo sucedido en el pasado, durante el Cuaternario, nos sirve de base para identificar los cambios que se pueden dar en el futuro próximo. Así, en el pasado, zonas de selvas fueron sustituidas gradualmente por zonas de sabanas y en algunos casos a desiertos completos. Por su parte, zonas templadas y frías, dieron paso a zonas de bosques. Son cambios que obedecen a ese ciclo natural de enfriamientos y calentamientos de la atmósfera de nuestro planeta y que, parecen haber sido la constante, no solo en el Cuaternario sino más atrás en el tiempo geológico.

No obstante, por primera vez, a los fenómenos naturales de cambio se ha agregado la acción humana que, también, por primera vez, durante cientos de miles de años, tiene la capacidad de generar cambios que de verdad han incidido e inciden en equilibrio de la Ecosfera terrestre.

Para la ciencia, todavía no es posible predecir, con exactitud, las variaciones que se van a dar como consecuencia del Cambio Climático y de los otros límites planetarios que hemos alterado; ni tampoco la velocidad con que van a suceder.

Lo que sí es posible señalar es que serán cambios como lo que se han observado en el pasado, con la particularidad que, dado el efecto catalizador de las acciones humanas, van a ser más rápidos, incluso perceptibles a lo largo de una vida humana, algo que llama mucho la atención, pues en la naturaleza, por lo general, los cambios ocurren a lo largo de los tiempos geológicos que son mucho más largos que una vida humana.

Así, nuestras actuales generaciones humanas nos enfrentamos a tiempos de desconocidos y muy rápidos cambios en el ambiente de nuestro planeta. Cambios que representan un enorme desafío y que tendremos que enfrentar de la forma más resiliente posible.

La única buena noticia en medio de todo esto, es que, al haber sido, la misma humanidad el elemento catalizador, también puede y tiene que servir de agente de frenado y de corrección. Algo que todavía, lamentablemente, no hemos comprendido en su verdadera dimensión, pues si existen soluciones, pero cada vez, menos tiempo para aplicarlas. Nosotros mismos, como humanidad, estamos labrando un futuro muy difícil, donde nuestro planeta nos va a parecer, salvo algunas excepciones, cada vez más agreste e inhospitalario.

El autor de Geólogo Ambiental y Doctor en Ciencias Naturales. Especialista en evaluación ambiental, ordenamiento y planificación del territorio, gestión preventiva del riesgo ante las amenazas naturales (GeoRiesgos y efectos del Cambio Climático)